La mañanera de Sheinbaum se centró en la muerte de “El Mencho”, el destino de sus restos y el impacto de los narcobloqueos: Harfuch habló de protocolo, Sedena de inteligencia y la presidenta defendió que “México está en paz”.
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheimbaum
Análisis
Mañanera
Política Gurú
Estos son los temas más importantes de la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum desde Palacio Nacional, marcada por una pregunta central: ¿qué pasa con el país cuando cae —según lo expuesto— el líder del CJNG?
La mañanera de este lunes giró alrededor de un hecho que el propio gobierno colocó en el centro del tablero: la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”, tras un operativo en Tapalpa, Jalisco. Y, sin embargo, la tensión no estuvo solo en el relato, sino en lo que ese relato intenta cerrar.
Por un lado, el mensaje fue de control. Por otro lado, la escena describió el costo: violencia, narcobloqueos y soldados fallecidos. Así que la pregunta no es únicamente “cómo ocurrió”, sino si el Estado realmente puede evitar el siguiente capítulo.
El secretario Omar García Harfuch aseguró que la FGR confirmó la identidad del cuerpo y que permanece bajo resguardo institucional. Además, sostuvo que los restos serían entregados a familiares si son reclamados, porque así lo marca el protocolo. En otras palabras: el Estado busca cerrar el expediente legal, aunque la narrativa pública siga abierta.
A la par, se describió una ruta logística que sonó a operación quirúrgica: traslado a instalaciones federales, presencia de una ambulancia pericial y custodia de una caravana de la Guardia Nacional. Ese despliegue, aunque técnico, también es político: comunica músculo y pretende desactivar rumores.
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Luego apareció una de las revelaciones más delicadas: la ubicación habría sido identificada por seguimiento indirecto ligado a una pareja sentimental. El titular de Sedena explicó que un hombre cercano a esa relación fue ubicado y que, tras una reunión en Tapalpa, se consolidó el dato operativo. Mientras tanto, se subrayó que Estados Unidos aportó “insumos de inteligencia”.
Ese detalle importa porque abre dos frentes. Primero, confirma que la inteligencia fue el corazón del golpe. Pero, segundo, deja sobre la mesa el debate de siempre: ¿qué implica esa colaboración en soberanía, intercambio de información y responsabilidades compartidas?
Según el relato, al detectar a fuerzas especiales, Oseguera huyó y se ocultó entre la maleza; después vino el intercambio de disparos, la herida y la decisión de trasladarlo a CDMX para atención urgente, aunque no sobrevivió. La secuencia, presentada como lineal, también funciona como blindaje: reduce márgenes para especulación.
Sin embargo, el país amaneció con narcobloqueos el 22 de febrero, y el gobierno lo reconoció como reacción a la operación federal. Se habló de afectaciones que iniciaron en zonas de Puerto Vallarta y Guadalajara, y que se extendieron a múltiples entidades. Por eso, aunque el golpe haya sido “exitoso”, el costo social no fue menor.
Aquí entra el punto más polémico: Sheinbaum negó haberse refugiado en un “búnker” durante la jornada violenta. Dijo que el video difundido era viejo, y que ella estuvo de gira en Coahuila y regresó después. Además, relató que fue informada temprano y se mantuvo en contacto para coordinar la instalación de un centro de mando.
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Y entonces llegó la frase que busca cerrar el miedo con una sentencia: “México está en paz”. Sheinbaum afirmó que hay gobernabilidad, coordinación en los estados y normalidad en gran parte del territorio. A su lado, Harfuch confirmó el fin de los bloqueos y remarcó que las vialidades estaban liberadas.
El problema es que “paz” no es solo la ausencia de bloqueos al cierre del día; también es la capacidad de evitar la réplica, la reconfiguración y la revancha. Harfuch lo admitió de forma indirecta al asegurar que el Gabinete de Seguridad está preparado para una posible reestructura del CJNG.
Además, la conferencia se quebró emocionalmente cuando se reconocieron las muertes de soldados en el operativo y en los episodios posteriores. Ese momento no es menor: aterriza el discurso en vidas perdidas y evidencia que, incluso cuando el Estado gana una batalla, el costo humano permanece como saldo político.
Al final, la mañanera intentó construir un cierre: identidad confirmada, protocolo activado, carreteras abiertas, centro de mando instalado y un llamado a mantener la calma. No obstante, la pregunta real no es qué pasará con los restos, sino qué pasará con el vacío de poder y con la violencia que suele competir por llenarlo.
Porque si el gobierno presume “control”, también tendrá que demostrarlo en los próximos días. Y ahí está el reto: que la frase “México está en paz” no suene a deseo, sino a realidad verificable en las calles.

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