La Gran Purga: Sheinbaum sacrifica a los radicales de la 4T

Purga 4T

En una sola semana, la narrativa oficialista se quebró. Dos de los ideólogos más radicales de la llamada 4T, Jesús Ramírez Cuevas y Marx Arriaga, pasaron de ser los arquitectos del dogma a convertirse en parias políticos.

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Claroy Cociso | Alberto Castelazo Alcalá

Opinión

Política Gurú

@Castelazoa

En una sola semana, la narrativa oficialista se quebró. Dos de los ideólogos más radicales de la llamada 4T, Jesús Ramírez Cuevas y Marx Arriaga, pasaron de ser los arquitectos del dogma a convertirse en parias políticos. No fue la oposición quien los golpeó; el ataque vino desde las entrañas del propio movimiento.

Los hechos son brutales. Jesús Ramírez, otrora intocable vocero, aparece ahora embarrado en acusaciones de corrupción en el nuevo libro de Julio Scherer. Por otro lado, Marx Arriaga protagoniza un sainete en la SEP, atrincherado en su oficina tras ser despedido, llamando a una rebelión magisterial contra Mario Delgado.

Sin embargo, esto no es casualidad. Si sumamos el desplazamiento de Adán Augusto López en el Senado, el patrón es innegable. Estamos ante una purga sistemática de los “puros”. Al parecer, la herencia más dura del obradorismo ya no es un activo, sino un pasivo tóxico para la presidenta Sheinbaum.

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Llama poderosamente la atención el origen de los misiles. Nadie en la debilitada derecha jaló el gatillo. Los golpes surgen de Palacio Nacional y sus satélites. Es una operación quirúrgica, una decisión de alto nivel para sacudirse perfiles que hoy resultan impresentables ante la realidad geopolítica.

Aquí entra el factor internacional. Tanto Ramírez Cuevas como Arriaga —y ni se diga Adán Augusto— están en el radar del gobierno de Donald Trump. Washington ha documentado, vía el Departamento de Estado y el NYT, la expansión de la propaganda rusa en México, señalando directamente al exvocero presidencial y a Jenaro Villamil.

Además, los vínculos de Adán Augusto con grupos criminales como “La Barredora” en Tabasco han encendido las alarmas en las agencias estadounidenses. Por lo tanto, la administración Sheinbaum parece haber entendido el mensaje: o limpia la casa, o el vecino del norte vendrá a ensuciarla más.

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El caso de Marx Arriaga roza lo cómico. Mario Delgado tuvo que explicar que su despido obedece a la inoperancia y a la soberbia de no corregir los libros de texto para el ciclo 2026-2027. Arriaga, sintiéndose protegido por el manto sagrado del “pueblo”, ignoró a su jefe. Hoy, ni la oferta de una embajada en Costa Rica parece calmar su berrinche.

Mientras tanto, la ministra Lenia Batres grita “traición” en sus columnas, comparando la situación con la caída de Madero. ¿A quién le habla? Claramente, a la presidenta. Pero en los pasillos del poder, un alto funcionario lo resume mejor al referirse al libro de Scherer: “Quizás más que traición, le está haciendo un servicio a la doctora”.

Finalmente, el conflicto se traslada al norte. En Chihuahua, se cocina una guerra para el 2027. La presidenta enviará a Ricardo Monreal a operar la elección, frenando las aspiraciones de Andrea Chávez, la protegida de Adán Augusto.

En conclusión, la “limpieza” va en serio. Ya sea por presión de Estados Unidos o por supervivencia propia, Claudia Sheinbaum está desmontando el ala radical. La pregunta es: ¿se dejarán caer sin hacer ruido o incendiarán el barco antes de saltar?

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