El espejismo de la austeridad republicana terminó. Hoy, la 4T se exhibe entre lujos, nexos con el crimen y una presidenta que no logra controlar a su propia tropa.

Claroy Cociso | Alberto Castelazo Alcalá
Opinión
Política Gurú
@Castelazoa
El cuento de la honestidad valiente se está cayendo a pedazos. En este fatídico séptimo año, el barniz de la austeridad morenista finalmente se cuarteó. Por lo tanto, lo que vemos debajo no es el “pueblo sabio”, sino una clase política hambrienta de lujos.
La narrativa oficial hoy se enfrenta a la cruda realidad. Por ejemplo, tenemos a Marina del Pilar, gobernadora de Baja California, salpicada por nexos incómodos y sin visa. Sin embargo, no es un caso aislado en la 4T.
Mientras tanto, Geraldine Ponce estrena una mansión de 43 millones de pesos en Tepic. Evidentemente, el sueldo de alcaldesa rinde milagrosamente bajo el cielo de Nayarit. Además, seis marinos terminaron presos por operar el multimillonario huachicol fiscal.

En consecuencia, el discurso del “somos diferentes” suena ya a chiste de mal gusto. Los morenistas se mueven hoy entre la riqueza inexplicable y el crimen organizado. Desafortunadamente, no existe una autoridad real que se atreva a sancionarlos.
El movimiento se quitó la máscara por completo. De hecho, desde el fundador hasta los hijos, abundan los escándalos de enriquecimiento ilícito. En este sentido, figuras del oficialismo son señaladas en Estados Unidos como protectores de los cárteles de la droga.
Por su parte, Claudia Sheinbaum se desgañita diariamente defendiendo lo indefendible. No obstante, sus propios correligionarios no la respetan ni la escuchan. En realidad, la presidenta luce agotada de limpiar el cochinero de sus compañeros de partido.
Ella enfrenta, además, las presiones brutales de un Donald Trump impredecible. El estadounidense amaga con intervenciones contra narcoterroristas en suelo mexicano. Por consiguiente, el gobierno federal se ve obligado a entregar “ofrendas” políticas para calmar al gigante.
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Un ejemplo claro fue la captura —o entrega voluntaria— del narco canadiense Ryan Wedding. Mientras García Harfuch dice una cosa, el FBI publica otra versión. En efecto, la soberanía nacional se vuelve moneda de cambio ante el miedo a Washington.
A Sheinbaum le pesan demasiado los caprichos de su antecesor. La narcoviolencia, el colapso de la salud y las obras faraónicas son una herencia maldita. Ciertamente, el Tren Maya y Dos Bocas solo generan deudas y ecocidio irreparable.
En tan solo siete años, la marca Morena se desgastó de forma acelerada. Pasaron de criticar al neoliberalismo a prohijar a sus nuevos multimillonarios. En conclusión, no eran iguales a los del PRI o el PAN; resultaron ser mucho más cínicos.

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