En Morelos, Sheinbaum presumió una baja del 40 % en homicidios, mientras esquivó el costo político del petróleo a Cuba, el caso Ang y el debate por militares de EU.
Conferencia del Pueblo | Presidencia
Análisis
Política Gurú
En Morelos, Sheinbaum presumió una baja del 40 % en homicidios, mientras esquivó el costo político del petróleo a Cuba, el caso Ang y el debate por militares de EU.
La Conferencia del Pueblo de hoy, desde Morelos, dejó una lección de manual: cuando el poder se siente observado, responde con narrativa. El guion fue claro: blindar a Claudia Sheinbaum con cifras de seguridad mientras se apagan incendios políticos.
Primero, la presidenta prometió “resultados” del Gabinete de Seguridad tras un mes sin presentaciones en la mañanera. Sin embargo, el timing no parece casual: la presión de Donald Trump para endurecer el combate al crimen organizado convierte cada gráfico en moneda diplomática.
Luego llegó la cifra estrella: una supuesta baja de 40% en homicidios dolosos entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025. Se habló de 34 asesinatos diarios menos. Aun así, el dato pide contexto, porque un promedio no explica el miedo cotidiano.
Mientras se presume la caída, se admitió que siete estados concentran el golpe. Guanajuato encabeza con 2,539; le siguen Chihuahua, Baja California, Sinaloa, Estado de México, Guerrero y Michoacán. Es decir: la violencia se mueve por territorios, y la estrategia debe rendir cuentas ahí.

Además, si el promedio diario bajó a 52.4 en diciembre frente a 86.9 al inicio, la pregunta es qué cambió en investigación, judicialización y cárceles para sostenerlo. Porque, aunque la coordinación suene bien en el micrófono, la impunidad no se derrota con conferencias.
En paralelo, la mañanera tuvo otro “apagafuegos”: los envíos de petróleo a Cuba. Sheinbaum dijo que en 2025 se mandó “poco menos” que en 2024 y que esto ocurre desde Calderón y Peña Nieto, bajo la etiqueta de “ayuda humanitaria”. Sin embargo, esa defensa tiene filo.
Porque se intenta diluir responsabilidades con el “viene de antes”, pero se esquiva lo esencial: ¿cuánto, a qué costo y con qué rendición de cuentas, tratándose de Pemex y de un país con finanzas públicas presionadas? Sin cifras públicas, la explicación se queda en intención.
También se criticaron los bloqueos de Estados Unidos, para subrayar que “dañan al pueblo y no al gobierno”. No obstante, ese enfoque funciona como postura moral, no como desglose presupuestal. Y, mientras tanto, el debate interno se queda sin contratos transparentes y metas verificables.
Otro episodio incómodo fue el de la diputada morenista Alejandra Ang, detenida en Calexico con 800 mil pesos. La presidenta pidió que “explique” y que, si hay delito, “se investigue”. Bien, pero el mensaje a los propios volvió a ser genérico: “El poder es humildad”.
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La ciudadanía espera algo más que frases. Porque, cuando la ética se reduce a exhortos y la consecuencia queda en “a ver qué fiscalía”, el castigo se vuelve negociable. Y, si el caso se enfría, el discurso termina pareciendo coartada.
Sobre el Tren Interoceánico, Sheinbaum dijo que las víctimas no necesitan nuevas denuncias ante la FGR, ya que todo se integraría a una carpeta abierta de oficio. Además, advirtió sobre bufetes que buscan quedarse con un porcentaje de la reparación. La señal es doble: protección, pero también control.
Porque, aunque existan oportunistas, el Estado no debería desalentar la ruta legal de las víctimas. Al contrario, tendría que garantizar acompañamiento, peritajes independientes y transparencia. De lo contrario, el mensaje suena a “confíen y no pregunten”, justo cuando la confianza pública está desgastada.
En seguridad dura, Omar García Harfuch informó detenciones por el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo. Se mencionó a un presunto colaborador y a un líder apodado “Kaos”. Sin embargo, cada captura abre otra pregunta: ¿quién permitió la operación?
Finalmente, el tema del Senado y la entrada de militares de EU para capacitación se trató como trámite rutinario. Sheinbaum negó relación con Venezuela y dijo que se pospuso por falta de agenda. Aun así, con presión externa, cualquier gesto militar se lee políticamente.
En resumen, la mañanera intentó vender control: menos homicidios, detenciones, “ayuda” a Cuba y regaños morales a los propios. Pero, cuando el gobierno administra la conversación más que la realidad, el país se queda con un dilema: ¿seguridad con cifras o seguridad con verdad?

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