La presidenta Sheinbaum revive la estrategia de culpar a Estados Unidos por el flujo de armas y la demanda de drogas, reconociendo el riesgo de la retórica de Trump sobre el fentanilo pero escudándose en la soberanía de papel.
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheinbaum
Análisis
Política Gurú
La Mañanera de hoy trajo un clásico instantáneo de la diplomacia mexicana: el juego de la papa caliente con Estados Unidos. Claudia Sheinbaum decidió que la mejor defensa ante la presión que se avecina es un buen ataque retórico.
Sin embargo, el discurso ya nos lo sabemos de memoria. La presidenta insistió en que Washington “tiene que hacer más”. ¿La razón? El eterno flujo de armas hacia el sur y, crucialmente, el insaciable consumo de drogas de los jóvenes en el norte.
Ciertamente, tiene un punto válido sobre las armas. Pero suena a estrategia de contención preventiva ante la administración Trump. Es el viejo truco de “mira lo que hacen ellos” para desviar la atención de las responsabilidades propias en territorio nacional.

Además, el tema del fentanilo se trató con pinzas quirúrgicas. Sheinbaum reconoció que la etiqueta de “arma de destrucción masiva” usada por Trump da “elementos” para pensar en una intervención estadounidense directa.
No obstante, rápidamente sacó el escudo de la soberanía. Recordó los cambios constitucionales recientes diseñados, en teoría, para blindar al país de botas extranjeras. Una fe quizás excesiva en el papel frente a la cruda realidad geopolítica.
¿Realmente creemos que unos párrafos en la Constitución detendrían al Pentágono si deciden actuar unilateralmente? La apuesta del gobierno mexicano parece ser minimizar el riesgo en público mientras cruzan los dedos en privado.
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Por eso, la defensa retórica de Nicolás Maduro hoy no fue casualidad. Al pedir un “juicio justo” y calificar de “interesante” su postura de “preso de guerra”, Sheinbaum traza una línea ideológica clara.
En realidad, el mensaje no es sobre Venezuela, es sobre México. Es un aviso preventivo a gritos: aquí no aceptamos intervenciones, aunque el vecino del norte tenga otros planes mucho más agresivos.
Irónicamente, todo este drama internacional de alto voltaje ocurrió en un escenario surrealista. Palacio Nacional estaba lleno de niños por el Día de Reyes, esperando juguetes y rosca mientras se discutían armas de destrucción masiva.
En resumen, la estrategia parece ser aguantar la respiración detrás de un escudo de papel constitucional. Mientras tanto, la culpa oficial del problema del narco sigue siendo, convenientemente, del que está enfrente.

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