Sheinbaum dijo que Morena no es paraguas para delincuentes tras la detención del alcalde de Tequila.
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheimbaum
Análisis
Política Gurú
Estos son los temas más importantes de la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum. Y aunque hubo cifras, operativos y promesas diplomáticas, el golpe político real vino por otra vía: un alcalde detenido y la pregunta incómoda de siempre.
La presidenta reaccionó a la captura de Diego “N”, alcalde de Tequila, Jalisco, y soltó una frase con filo: “Morena no es paraguas para delincuentes”. Suena contundente; sin embargo, también abre una grieta: si no hay paraguas, ¿por qué tantos terminan mojados dentro?
Sheinbaum aseguró que llegaron “muchísimas” denuncias a la FGR y al Gabinete de Seguridad, y que ella misma recibió quejas directas de empresarios y ciudadanos. Es decir, no fue un rumor de pasillo: se habló de extorsiones y de presuntas irregularidades con suficiente sustento para armar carpeta y pedir orden.
Aun así, el relato oficial pide un acto de fe: Morena “acompañó” la candidatura porque, según dijo, al preguntar a la Fiscalía federal y a la local, no existía carpeta ni indicios de vínculos con el CJNG. Por lo tanto, se avaló. Luego, “ya con denuncias”, se investigó. Y “ayer”, se detuvo.
Aquí aparece el primer ángulo incómodo: el gobierno presume reacción rápida, pero también admite que el termómetro social ya estaba marcando fiebre. Además, cuando el poder dice “no sabíamos”, la ciudadanía escucha otra cosa: nadie revisó a fondo o nadie quiso ver.
La presidenta intentó cerrar la pinza con una idea: lo imperdonable sería saber y no actuar. De acuerdo. Sin embargo, la duda pública no es solo “¿actuaron?”, sino “¿por qué se llega siempre al punto de quiebre?”. Porque, mientras se construyen carreras, el costo lo pagan comercios, turismo y economía local.

De hecho, el caso Tequila conecta con un mal nacional: la extorsión disfrazada de trámite. Cuando predial, permisos y clausuras se vuelven presión, la ley deja de ser regla y se convierte en herramienta. Entonces, la pregunta deja de ser penal y se vuelve política: ¿quién permitió el ecosistema?
En paralelo, Omar García Harfuch anunció que irá a Uruapan para reunirse con la alcaldesa Grecia Quiroz y darle información sobre el asesinato de Carlos Manzo. Ella pidió investigar a morenistas como Raúl Morón, Leonel Godoy e Ignacio Campos. Harfuch respondió con un filtro clásico: sin pruebas, no hay investigación.
El mensaje funciona como garantía institucional, aunque también como escudo narrativo. Porque, en el México real, la exigencia ciudadana casi siempre empieza sin expediente: empieza con miedo, con señales, con patrones. Por eso, el “apórtenme pruebas” suena correcto, pero también distante.
Michoacán fue el tablero donde se presumieron resultados. Harfuch habló de detenciones, armas y toneladas de droga. Y presentó capturas ligadas a Los Blancos de Troya, con nombres y apodos que pintan una estructura criminal de cobro de piso, homicidios y narcomenudeo. Es un golpe, sí; pero no es el final.
La propia cifra expuesta sobre homicidios refuerza esa lectura: se reportó una reducción del 30 % entre septiembre de 2024 y diciembre de 2025. Sin embargo, se admitió que no parece una tendencia sostenida. Es decir, hay contención, aunque no necesariamente control.
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Y mientras se hablaba de seguridad, también se habló de política social: Ariadna Montiel detalló ferias, censos y padrones en Michoacán. El tamaño del aparato impresiona. No obstante, el contraste es brutal: apoyos masivos conviven con territorios donde la extorsión decide quién abre y quién cierra.
En el flanco internacional, Sheinbaum anunció que la ayuda humanitaria a Cuba se enviará a más tardar el lunes 9 de febrero, y reiteró la intención de restablecer el envío de petróleo. Pero, al mismo tiempo, reconoció el riesgo: no quieren sanciones y están en “diálogo” para evitar costos, incluidos aranceles.
Ese cruce es explosivo: diplomacia energética versus presión de Estados Unidos. Y en esa tensión, México camina en cuerda floja. Porque, si el discurso se siente solidario, el impacto podría cobrarse en comercio, inversión y narrativa interna.

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