La Conferencia del Pueblo de este 15 de enero arrancó con una promesa tranquilizadora: Claudia Sheinbaum juró que la reforma electoral “no busca” quitar la autonomía del INE. Suena bien. Sin embargo, en política importa tanto lo que se dice como lo que se evita decir.
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheinbaum
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La Conferencia del Pueblo de este 15 de enero arrancó con una promesa tranquilizadora: Claudia Sheinbaum juró que la reforma electoral “no busca” quitar la autonomía del INE. Suena bien. Sin embargo, en política importa tanto lo que se dice como lo que se evita decir.
Porque cuando una presidenta insiste tanto en “no les vamos a quitar” algo, normalmente es porque alguien ya olió humo. Y el humo viene de una frase que cayó como cerillo: los comentarios de Pablo Gómez y el viejo reflejo de la 4T de ver a los árbitros como estorbo.
Sheinbaum dibujó “los puntos centrales” sin entrar al detalle fino y adelantó que la iniciativa se presentará en febrero. Además, habló de “mesas” y “debates” en el Congreso, pero, al mismo tiempo, dejó claro que no piensa sentarse con la oposición. Así, el diálogo empieza con una silla vacía.
La presidenta dice que la propuesta “fortalece la democracia” y que nadie podrá llamarla “autoritaria”. No obstante, esa es exactamente la discusión: una democracia no se fortalece repitiendo la palabra, sino aceptando contrapesos incómodos, en un país tan polarizado hoy, especialmente cuando el tema es quién pone las reglas.

En su guion, el gobierno ofrece una idea seductora: “garantizar la representación de la minoría”. Pero, a la vez, se plantea cambiar el formato para elegir plurinominales. Entonces, la pregunta obligada es simple: ¿cómo proteges a la minoría si rediseñas el mecanismo que la mete al Congreso?
Luego viene el otro anzuelo: reducción del gasto para partidos, INE y OPLEs “sin afectar su operación”. Suena a dieta sana, aunque en la práctica puede ser asfixia fina. Porque la autonomía no solo vive en la Constitución; también vive en el presupuesto y en la capacidad operativa.
Si el árbitro tiene menos gasolina, menos capacitación y menos gente, la cancha se inclina aunque nadie toque el silbato. Y, mientras tanto, la narrativa oficial puede decir: “Nosotros no intervenimos, solo recortamos”. Es el truco clásico: no te quito la casa, solo te apago la luz.
Sheinbaum también empuja la “mayor participación ciudadana” mediante consultas municipales, estatales y federales. En principio, suena democrático. Aun así, el riesgo es convertir la consulta en adorno: mucha pregunta, poca deliberación y resultados previsibles, sobre todo cuando el gobierno controla tiempos y temas.
Lo más revelador, de hecho, no fue lo que anunció, sino lo que descartó: reunirse con la oposición. Porque si la reforma es tan impecable, ¿qué miedo hay a escuchar propuestas ajenas? Además, negarse a construir consenso alimenta la sospecha de que el texto ya viene cocinado.
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En paralelo, el gabinete económico puso “cara de estabilidad”. Marcelo Ebrard dijo que hay “consenso” para mantener el T-MEC y que, a finales de enero, cada país presentará sus consultas. En otras palabras: calma, mercados; nadie quiere dinamitarlo, aunque la revisión exige datos, no discursos.
Y para rematar, el gobierno presumió inversión: Pilgrim’s pondrá mil 300 millones de dólares y, según Economía, generará 4 mil empleos directos. También promete reducir importaciones de pollo un 35 %. Suena bien, pero ¿salarios y beneficios reales, en varias plantas del país, según Economía, y con qué supervisión pública?
La escena completa tiene lógica: se anuncia cirugía electoral y, al mismo tiempo, se presumen cifras para bajar ansiedad. Mientras se mueve el tablero del INE, se exhibe inversión y se invoca el T-MEC. El mensaje: “Todo está bajo control”.
Pero el control es justamente lo que está en juego. Porque el INE no pierde autonomía solo cuando lo “capturan” con nombramientos; también cuando lo amarran con recortes, lo saturan con nuevas obligaciones o le cambian reglas clave como los pluris, sin negociación real.
Si febrero llega con una iniciativa cerrada y el Congreso la procesa a velocidad política, la frase “no les quitaremos autonomía” será una manta bonita colgada sobre una puerta que se está cerrando. Y ahí sí, más que tranquilizar, la mañanera habrá servido para adelantar la tormenta.

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