¿Estamos a una reforma de distancia de un sistema de partido único? José Zenteno desmenuza el avance del “oscurantismo autoritario

Diálogos en el Infierno | Por José Zenteno
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El cambio de régimen siempre fue parte del discurso político de López Obrador. En su retórica evitó explicar con claridad a qué se refería; se quedó en lo que él llamaba moralizar “la vida pública”. La realidad es que el plan no tenía nada de moral; al contrario, el propósito siempre fue instaurar un nuevo sistema político que concentre todo en una camarilla mafiosa: el poder político, el uso discrecional del presupuesto público, la administración del crimen y de la impunidad. Con el tiempo nos dimos cuenta del significado del plan y de sus implicaciones, las cuales ya se comienzan a experimentar.
La etapa de oscurantismo autoritario apenas comienza y aún no se termina de configurar, pero “el proyecto” está muy avanzado. Ya anularon a los órganos autónomos, ya tomaron el control del Poder Judicial, ya colonizaron al INE y al Tribunal Electoral, ya ganaron más del 80 por ciento de los estados de la República y ya inocularon al crimen organizado en buena parte del territorio nacional y de las estructuras de Morena. Los medios de comunicación están bajo control del régimen, salvo por algunos que aún resisten, y cuya existencia convalida una supuesta libertad de expresión.
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Lo que les falta es la reforma electoral. Una reforma que llevaría a instaurar un sistema de partido único acompañado por pequeños partidos satélites controlados por los socios del régimen. Una mafia cuyos principales capos se reparten gubernaturas, presidencias municipales y cargos legislativos en Morena, mientras simulan competencia democrática con pequeños partidos de su propiedad.
El resto de los partidos realmente opositores perderían relevancia porque les pretenden quitar financiamiento público y someterlos a estrictos esquemas de control para evitar que puedan recibir dinero de otras fuentes.
La falla de esa reforma electoral está en su génesis y por eso el régimen enfrenta resistencias. No hay manera de que los socios políticos de Morena aprueben esa reforma sin que ellos mismos firmen su sentencia de muerte. El Partido Verde y el Partido del Trabajo tienen los votos que le faltan a Morena para aprobar la reforma en el Poder Legislativo, votos que, por cierto, no consiguieron en las urnas, sino como consecuencia de una maniobra jurídica para asignarles más diputados plurinominales de los que la Constitución autoriza.
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Sin esa reforma electoral, el cambio de régimen se queda trunco, inacabado y vulnerable. En otras palabras, la tiranía de la mayoría contingente no terminó de instaurar un modelo político que le garantice el poder sin competencia y sin límites.
No podemos cantar victoria quienes luchamos por la libertad de los mexicanos. La amenaza autoritaria siempre estará al acecho mientras Morena esté en el poder. Esa reforma puede pasar o al menos avanzar en esta legislatura o en cualquier otra. Por esa razón hay que hablar del tema; nunca está de más una nueva explicación, un nuevo razonamiento en contra de la amenaza autocrática de este régimen corrupto y abusivo.
Nos pueden acusar de exagerados, de imaginar amenazas inexistentes porque “aún no se presenta una reforma”, de pretender lucha en contra de quimeras. Nada de eso nos puede desalentar; la experiencia demuestra que son astutos, mentirosos y que siempre tienen un juego oculto.
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Con esto termino. López Obrador, en su afán de poder y de venganza, trabó alianzas con lo peor de México; con los más corruptos del antiguo régimen, con el crimen organizado y con los excluidos por ser los más ignorantes, ambiciosos y resentidos. Esas alianzas terminarán por hundir al movimiento en el poder; siempre vivirá guerras intestinas y de su interior saldrán los aromas de la podredumbre, como ejemplo el reciente libro de Julio Scherer.
No puede existir prosperidad, paz y justicia si estamos gobernados por lo peor de la sociedad.

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