Ricardo Salinas Pliego acusa al SAT de usar la cobranza como castigo político y reta: “¿Por qué nadie pregunta por los impuestos que debe Adán Augusto?”. El caso revive una pregunta incómoda: ¿se cobra igual a todos?
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Ricardo Salinas Pliego volvió a poner el tema fiscal en modo ring político: dice que el SAT lo persigue por criticar a Morena y, además, lanza una pregunta con veneno mediático: “¿Por qué nadie pregunta por los impuestos que debe Adán Augusto?”. Y aunque suena a contraataque, el debate que abre sí le pega directo al ciudadano.
Porque, para empezar, la autoridad fiscal confirmó que esta semana el empresario debe cubrir un adeudo de 51,000 millones de pesos. Eso no es una multa menor: es una cifra que, en términos de percepción pública, se traduce en “si cualquiera se atrasa, le cobran; si eres poderoso, litigias años”. Por eso la conversación se vuelve política, aunque nazca en tribunales.

Ahora bien, Salinas Pliego insiste en que lo suyo es represalia. Sin embargo, cuando un caso llega a punto de cobro tras un camino legal, el foco se mueve: deja de ser solo “me atacan” y pasa a ser “¿por qué se llegó hasta aquí?”. Además, la pregunta clave para la gente es práctica: ¿quién paga y quién se salva?
En paralelo, el señalamiento hacia Adán Augusto busca instalar otro estándar: si un político declara ingresos altos, entonces debería demostrar un pago proporcional. Aquí el detalle importa, porque el senador ya explicó que pagó 13.6 millones en 2023 y 9.1 millones en 2024, y sostuvo que eso equivale a entre un 33 % y 35 % de sus ingresos. Aun así, el debate se enciende por una investigación que afirma que recibió 79 millones de empresas privadas entre 2023 y 2024 y que no los incluyó en sus declaraciones patrimoniales.
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Entonces, aunque la pelea se cuelgue de nombres, el punto de fondo es otro: confianza. Si el SAT se percibe como “arma” contra críticos, se erosiona la legitimidad de cobrar. Pero, si los poderosos usan litigios eternos para no pagar, también se erosiona la idea de justicia fiscal. En ambos escenarios, el ciudadano queda atrapado: paga puntualmente, pero duda del sistema.
Además, cuando se habla de posibles “pagos chiquitos” y hasta de un descuento de un 39 % por ponerse al corriente, la reacción común es inmediata: “¿Y a mí quién me ofrece eso?”. Por eso el tema escala: no es solo deuda, es trato.
Finalmente, si Salinas Pliego coquetea con competir por la presidencia, el choque con Morena se vuelve narrativa electoral. Pero, precisamente por eso, la exigencia pública debería ser pareja: que pague quien deba, y que se transparente quien presume ingresos. Si no, la discusión seguirá siendo espectáculo… y la factura, como siempre, la terminará pagando la credibilidad institucional.

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