Cuando el poder le teme a dos mujeres

Campaña contra dos mujeres

El régimen de Claudia Sheinbaum no sólo discute con sus críticas.

Ahora persigue a Alessandra Rojo de la Vega y Cayetana Álvarez de Toledo con SAT, vetos y narrativa de “derecha global”.

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La alerta la puso primero Raymundo Riva Palacio en Estrictamente Personal, su columna en El Financiero, titulada “Campaña contra dos mujeres”.

Según su texto, el régimen de Claudia Sheinbaum decidió operar políticamente contra Alessandra Rojo de la Vega y Cayetana Álvarez de Toledo.

No se trata sólo de diferencias ideológicas, sino de algo más grave.

Se normaliza usar el aparato del Estado para castigar a quienes cuestionan la seguridad, la corrupción y los pactos del poder.

En el caso de Alessandra Rojo de la Vega, las piezas encajan con rapidez inquietante y dibujan un patrón de persecución política.

A través del SAT, el gobierno abrió auditorías no contra la alcaldesa de Cuauhtémoc, sino contra su padre, su hermano, su madre y su hermana.

Además, se incluyó a su exesposo, como si el mensaje fuera claro y brutal para cualquiera que quiera enfrentar a Morena en la capital.

Así, se castiga a toda la familia, para demostrar que desafiar al régimen puede tener un costo personal, económico y emocional altísimo.

Al mismo tiempo, la propia presidenta habría exigido a Clara Brugada “parar” el crecimiento de Rojo de la Vega y usar “cualquier recurso” disponible.

Mientras tanto, las encuestas la colocan como la alcaldesa mejor evaluada en zonas metropolitanas y su discurso contra la corrupción capitalina gana terreno.

Por eso, en Palacio Nacional la ven como una amenaza directa al bastión electoral de la Ciudad de México.

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Para el proyecto de la cuarta transformación, perder la capital sería un golpe político y simbólico enorme.

Una funcionaria incómoda, una narrativa que pega donde más duele y un Estado que responde con expedientes, auditorías y filtraciones mediáticas.

Del otro lado está Cayetana Álvarez de Toledo, diputada española del Partido Popular, académica y crítica feroz del populismo latinoamericano.

Ha sido una de las voces más duras contra Andrés Manuel López Obrador, a quien llamó “burro de Troya” por debilitar la democracia desde dentro.

Sin embargo, la confrontación ya no es sólo retórica ni se queda en los debates televisivos o en los foros académicos.

Según la columna de Riva Palacio, Sheinbaum instruyó a Juan Ramón de la Fuente explorar cómo impedir que Cayetana siga dando conferencias en México.

En pocas palabras, la orden sería cancelarla, cerrarle espacios y mandar el mensaje de que la derecha global no es bienvenida a debatir aquí.

El problema es que esa idea choca con compromisos internacionales sobre libertad de expresión y con el propio espíritu democrático de la Constitución mexicana.

Detrás aparece el nombre de Pablo Iglesias, fundador de Podemos y ahora operador de Canal Red Latinoamérica, muy cercano al obradorismo.

Investigaciones periodísticas han señalado desde hace años vínculos financieros entre Podemos y Morena, además de contratos públicos para los proyectos mediáticos de Iglesias.

Por eso, no sorprende que Iglesias pidiera “ayuda” para silenciar a quien lo ha señalado como “hijo de un terrorista”.

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Además, Cayetana se ha vuelto símbolo de esa derecha que ellos demonizan en cada discurso y en cada programa de Canal Red.

A la par, Sheinbaum intenta ligar las protestas del 15N y el descontento social con una conspiración internacional de ultraderecha.

De esa forma construye un fantasma conveniente para cohesionar a su base y justificar medidas cada vez más autoritarias.

Así, Rojo de la Vega y Álvarez de Toledo terminan en la misma carpeta simbólica.

Son mujeres incómodas que cuestionan el relato triunfalista y exhiben las grietas del proyecto oficial.

Si criticas la seguridad en la capital, llega el SAT.

Si cuestionas al régimen desde fuera, intentan vetarte de los foros y escenarios.

En lugar de responder con argumentos, el poder elige el camino de la intimidación institucional, ya sea con auditorías fiscales o maniobras diplomáticas.

Al final, lo que está en juego no son sólo dos biografías políticas.

También está en riesgo la capacidad de México para tolerar voces disidentes sin castigo de Estado.

Si el gobierno persiste en esta campaña contra dos mujeres, confirmará que la transformación prometida no era democrática, sino de control y miedo.

Y quizá, sin quererlo, termine fortaleciendo a quienes busca silenciar, porque cada golpe desde el poder alimenta la idea de un cambio de rumbo posible.

(Artículo editorial basado en la columna “Campaña contra dos mujeres” de Raymundo Riva Palacio en Estrictamente Personal, El Financiero.)

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