La escena de Maduro esposado en Nueva York abrió una pregunta incómoda: si hubo entrega negociada, el expediente podría reconfigurar presiones políticas en la región y golpear a México.
Editorial | Política
Opinión
Política Gurú
La imagen de Nicolás Maduro entrando esposado al cuartel de la DEA en Nueva York —y soltando un “Buenas noches, feliz Año Nuevo”— no fue solo un golpe mediático. Además, fue una señal política: cuando el poder cae, también cambia la manera de negociar su supervivencia.
En su columna Estrictamente Personal publicada en El Financiero, Raymundo Riva Palacio plantea un giro clave: no habría sido una “captura” clásica, sino una entrega negociada. Si esa lectura es correcta, entonces el verdadero conflicto no está en la escena del arresto, sino en lo que viene después: el intercambio de información y lealtades.
Por eso el ruido llegó a México. Mientras AMLO calificó el hecho como “secuestro”, la presidenta Claudia Sheinbaum ya marcó distancia de la lógica intervencionista y pidió cooperación sin subordinación. En paralelo, un mensaje del expresidente —sin coordinación aparente— puede convertirse en combustible para nuevas fracturas dentro de Morena.
Te puede interesar: Sheinbaum condena detención de Maduro y responde a Trump: “soberanía” como escudo en la Mañanera

Sin embargo, el punto fino está en el expediente. En Estados Unidos, Maduro y su entorno enfrentan cargos ligados a narcotráfico y, según reportes, incluso narcoterrorismo, con un proceso que se mueve en tribunales federales de Nueva York. Dicho de otro modo: el caso se litiga con lógica penal, aunque sus ondas de choque sean geopolíticas.
Ahora bien, ¿qué significa esto para el ciudadano común en México? Primero, más tensión con EE. UU. suele traducirse en mayor escrutinio financiero, presión sobre flujos de dinero y un ambiente menos amigable para inversión y exportaciones. Además, si Washington empuja la narrativa de “organizaciones terroristas” en el hemisferio, el debate puede brincar de los cárteles a la política, y eso endurece decisiones en migración, seguridad y cooperación.
Segundo, el episodio exhibe un dilema de Estado: sostener la no intervención como principio, pero sin quedar atrapados defendiendo a líderes señalados por delitos graves. Aunque México no tenga por qué avalar operaciones militares externas, tampoco le conviene aparecer como escudo diplomático de un régimen bajo acusaciones criminales; sobre todo si el expediente busca conexiones regionales.
Síguenos en Facebook para mantenerte siempre informado
Tercero, el factor interno importa. Si el caso se usa para golpear adversarios, la conversación pública se llenará de filtraciones, “nombres” y sospechas. En ese terreno, la desinformación corre más rápido que la justicia, y el costo lo paga la gobernabilidad: polarización, linchamientos digitales y decisiones tomadas al ritmo del escándalo, no de la evidencia.
En síntesis, la “bomba” no es solo Maduro en Brooklyn; es la posibilidad de que su defensa —o su negociación— convierta a América Latina en una mesa de canje. Por tanto, la prioridad para México debería ser doble: una postura institucional coherente y, al mismo tiempo, una estrategia de control de daños que proteja economía, seguridad y credibilidad internacional en los próximos días.
Esta editorial toma como punto de partida la columna “Maduro, una bomba contra López Obrador” de Raymundo Riva Palacio, en Estrictamente Personal, publicada en El Financiero.

Be the first to comment on "Maduro “negocia” su caída y la onda expansiva llega a México: lo que está en juego para AMLO y Sheinbaum"