Los ojos del águila calva sobre México

Trump

La represión en el Zócalo encendió alarmas dentro y fuera del país. Trump olió debilidad y la 4T mostró su rostro más autoritario.

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Desde el sábado, el Zócalo quedó marcado por gases y granaderos. No fue operativo cualquiera; fue el debut represor del gobierno de Claudia Sheinbaum.

En lugar de escuchar a la Generación Z harta de violencia e impunidad, el gobierno capitalino respondió con golpes, detenciones y un reflejo autoritario.

Para colmo, mientras aquí se minimizaba la brutalidad en noticiarios, las imágenes circularon globalmente mostrando el rostro real de la llamada Cuarta Transformación.

Ahí entró Donald Trump. El presidente estadounidense ligó la represión en Ciudad de México con el avance del narco y sugirió ataques militares.

Que un vecino poderoso hable de “hacer lo necesario” debería encender alarmas sobre la fragilidad del Estado de derecho y la soberanía mexicana.

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El problema no está en Washington, sino en Palacio Nacional y el Antiguo Ayuntamiento. Aquí se criminaliza la protesta y se protege al crimen.

Clara Brugada apareció rodeada de mandos policiacos y de la fiscal Bertha Alcalde para anunciar cargos de tentativa de homicidio contra varios jóvenes detenidos.

Esa escena recordó al PRI: gobierno y fiscalías alineados para convertir inconformes en enemigos, mientras los jefes del narco siguen intocados.

Además, desde la mañanera se intentó culpar a “la derecha” y a Ricardo Salinas Pliego, en vez de admitir que la seguridad se les desbordó.

Se repite la fórmula: clientelas, propaganda, censura y acusaciones contra críticos. Hay programas como la pensión para adultos mayores, pero no compran silencio.

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Mientras se reprime a quienes marchan, se negocia con caciques, grupos y gobernadores, profundizando el abandono ciudadano.

Por eso, los ojos del águila calva miran a México con recelo. No por patriotismo, sino porque huele a descontrol, complicidad y crisis de gobernabilidad.

Si la presidenta quiere evitar injerencias, el camino no es el discurso vacío, sino reconstruir policías, fiscalías y jueces que respondan a la ley.

Un gobierno que reprime marchas y fabrica culpables, mientras protege pactos, invita miradas extranjeras y ahuyenta inversiones, empleos y esperanza de futuro.

Defender a México significa algo incómodo para el poder: menos teatro ideológico, más resultados y un regreso al Estado de derecho que este sexenio dinamita.

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