La presión internacional por la inseguridad ha forzado a la presidenta Claudia Sheinbaum a tomar medidas extraordinarias. Con la FIFA vigilando de cerca y Houston listo para tomar el relevo, México inicia una carrera contra el tiempo para blindar sus sedes.
Editorial | Seguridad
Análisis
Política Gurú
México se juega mucho más que un torneo deportivo; se juega su viabilidad como Estado ante los ojos del mundo. La reciente ola de violencia, desatada por la reacción del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) tras la muerte de su líder, Nemesio Oseguera, ha colocado a la administración de Claudia Sheinbaum en una posición defensiva y de alto riesgo. Sin embargo, el objetivo principal ya no es solo pacificar las regiones, sino evitar que la FIFA retire las sedes mundialistas a nuestro país por falta de garantías.
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En consecuencia, las fallas de comunicación del pasado 22 de febrero resultaron costosas. Las imágenes de bloqueos y vehículos incendiados circularon de forma viral, creando una percepción de desgobierno que alarmó a las audiencias globales. Por esta razón, el gobierno mexicano tuvo que admitir, aunque tarde, que la organización de la Copa del Mundo estaba bajo una amenaza real. Por lo tanto, Sheinbaum dejó claro que no se puede poner en riesgo la estabilidad de Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Adicionalmente, las presiones internacionales no se hicieron esperar. Federaciones de peso como la de Portugal y países como Sudáfrica han manifestado sus dudas. Efectivamente, la seguridad de los equipos y de la afición es la prioridad absoluta para la FIFA. Mientras tanto, el gobierno federal decidió dar un golpe de timón en la coordinación. Así pues, se desplazó el perfil civil de las mesas de seguridad para otorgar el control total al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Esta decisión marca un cambio de rumbo inmediato. De hecho, la estrategia ahora se centra en «neutralizar la percepción». Por ejemplo, la negativa a cancelar el concierto de Shakira en el Zócalo fue un movimiento calculado para proyectar normalidad, a pesar del despliegue masivo de agentes vestidos de civil. Asimismo, la realización de la conferencia mañanera en Guadalajara busca enviar un mensaje de control sobre la sede que se considera más vulnerable. Incluso, fuentes estadounidenses sugieren que ciudades como Houston están en la «banca de reserva» listas para arrebatar los partidos si México falla.
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Por otro lado, el desafío es asimétrico. A diferencia de Estados Unidos y Canadá, México enfrenta grupos criminales con control territorial en zonas clave. No obstante, la inteligencia estadounidense ya había advertido sobre planes de sabotaje durante el evento. En resumen, el gobierno tiene menos de 100 días para demostrar con hechos, no con palabras, que puede garantizar la paz. La reunión reciente con la FIFA no es un trámite; es un examen de supervivencia política y económica para el país. Finalmente, lo que se acordó en esas mesas de seguridad debe ejecutarse de inmediato, pues el reloj del Mundial no se detiene para nadie.
Editorial basada en la columna de opinión de Raymundo Riva Palacio, en su columna Estrictamente Personal; publicada en El Financiero

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