México cerró otra semana con el sello de la casa: operativos espectaculares que acaban en nada, reformas mal cosidas, diplomáticos celebrando rankings irrelevantes y burócratas que defienden privilegios con la devoción de un monje medieval. En esta entrega de El Gran Gurú, el poder vuelve a exhibirse como suele hacerlo: solemne hacia afuera, descompuesto por dentro.

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¿Culiacanazo 2.0 o justicia de utilería?
En Sinaloa ya ni los operativos de alto impacto duran lo que un café caliente. La Marina cayó en una finca de El Salado y detuvo a Mónica Zambada, hija de Ismael El Mayo Zambada. Hasta ahí, la escena pintaba para golpe mediático. El problema fue el desenlace: la soltaron.
La explicación oficial fue que no existía orden de aprehensión. Así, sin rubor. En Estados Unidos la señalan por lavado de dinero y aquí el Estado mexicano terminó actuando como recepcionista de hotel incómodo: disculpe la molestia, ya se puede retirar.
La cosa no quedó ahí. Habitantes de la zona rodearon a los militares y la operación se enredó entre gritos, presión y cálculo político. Otra vez apareció el fantasma del viejo libreto: evitar un estallido a cualquier precio, aunque el precio sea el ridículo institucional.
El saldo fue brutal y absurdo. Hubo muertos, tensión y despliegue, pero la pieza principal se fue. Otra vez el gobierno mostró que puede montar un operativo espectacular, pero no necesariamente sostenerlo hasta el final. En este país la autoridad entra armada y sale justificándose. Y el crimen, mientras tanto, toma nota.
El Plan A acabó en la B de burócratas
En Palacio Nacional traen atravesado el fracaso de la reforma electoral. Y no, esta vez no hizo falta culpar a la oposición, al PRIAN o a los conservadores de siempre. El tropezón vino de adentro, que suele ser más humillante.
En los pasillos de Gobernación cuentan que la iniciativa llegó parchada, inflada y desviada de los puntos centrales que había pedido la presidenta. Mucho adorno, mucha corrección política, mucha redacción para seminario, pero poca eficacia para operación real.
El subsecretario Arturo Medina quedó en el centro de los reclamos. La molestia no fue menor: la propuesta no solo complicó la negociación con los aliados, además exhibió descoordinación interna en un tema donde Morena quería mostrar disciplina. Ni siquiera integraron de forma correcta a Luisa María Alcalde en el armado político. Una fineza.
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El resultado fue el de siempre cuando el poder se cree autosuficiente: soberbia en el diseño, torpeza en la ejecución y cara de sorpresa cuando todo sale mal. El oficialismo quería una reforma de control político fino y acabó presentando un documento que parecía tarea hecha con prisa el domingo por la noche.
Jugando con fuego en plena revisión del T-MEC
Mientras Marcelo Ebrard intenta caminar sobre cristales en la relación con Estados Unidos, en la Cámara de Diputados hay quien cree que este es el momento ideal para abrir otro frente. Porque si algo caracteriza a la 4T es su talento para patear la mesa justo cuando dice que busca diálogo.
El diputado Pedro Mario Zenteno empuja restricciones a ciertos plaguicidas bajo una narrativa más ideológica que técnica. El problema no es discutir regulaciones. El problema es hacerlo con brocha gorda, en plena revisión del T-MEC y cuando Washington ya trae el gesto torcido con México por otros asuntos más delicados.
En otras palabras: cuando el gobierno necesita certidumbre comercial, algunos en Morena prefieren mandar señales de pleito. Luego vendrá el discurso patriótico, la victimización protocolaria y la denuncia de presiones extranjeras. Pero la factura la pagan los productores, los exportadores y, como siempre, el país.
La 4T tiene una extraña habilidad para convertir cualquier negociación compleja en un concurso de ocurrencias. Después se preguntan por qué cada conversación bilateral parece acabar en amenaza, arancel o manotazo.
Islas Marías: turismo de fantasmas
La conversión de las Islas Marías en destino turístico fue presentada como una joya del humanismo tropical. La vieja prisión convertida en paraíso del pueblo. Una postal perfecta para la narrativa de la transformación. Lástima que la realidad no compra propaganda.
El complejo arrastra baja afluencia, costos elevados y una rentabilidad que sigue sin aparecer. En pocas palabras: el proyecto no despega, pero sí consume recursos. El problema de origen era evidente, aunque nadie quisiera decirlo en voz alta: vender como destino popular una isla remota, costosa y logísticamente complicada no era exactamente una idea brillante.
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Hoy el gobierno de Claudia Sheinbaum carga con esa herencia decorada de romanticismo y números rojos. Lo que se prometió como símbolo de reconciliación social terminó pareciéndose a otro monumento sexenal a la voluntad sin planeación.
Las Islas Marías no son el paraíso prometido. Son, por ahora, un recordatorio de que gobernar con estampitas emocionales suele salir bastante caro. Y que el turismo, por desgracia para la propaganda, no funciona a punta de mañaneras.
Moctezuma y la diplomacia de la felicidad de plástico
Esteban Moctezuma encontró por fin un tema para sonreír en Washington: el ranking de felicidad. Qué alivio. México arde entre violencia criminal, tensión comercial, migración y una relación bilateral cada vez más áspera, pero nuestro embajador decidió que era momento de celebrar el bienestar emocional.
En redes presumió el avance del país en esa medición y hasta se permitió reflexiones sobre felicidad y entorno digital. Todo muy inspirador, muy TED Talk, muy conferencia para auditorios donde nadie tiene que cruzar un retén del narco.
La escena retrata con precisión una parte de la diplomacia mexicana: mucha forma, mucho discurso amable y una desconexión casi artística respecto del tamaño de la crisis. Moctezuma aparece poco donde debería pesar y mucho donde puede posar.
No se trata de negar que la percepción pública importe. Se trata de entender el momento. Cuando la casa se mueve, no conviene salir al balcón a presumir que las cortinas combinan precioso con el incendio.
INE: austeridad para el folleto, privilegios para la nómina
El debate salarial en el INE volvió a exhibir una verdad incómoda: en México la austeridad suele funcionar mejor como consigna que como práctica. Guadalupe Taddei anunció recorte salarial y devolución de excedentes. El gesto fue correcto, incluso oportuno. Pero también insuficiente frente al tamaño del aparato.
Porque detrás del anuncio siguen apareciendo los de siempre: consejerías y altos mandos con ingresos por encima de la presidenta, prestaciones blindadas y amparos listos para defender cada centavo del pequeño Versalles burocrático.
La autonomía institucional es necesaria. Lo que no es necesario es convertirla en patente de corso presupuestal. En el INE, como en otras élites públicas, hay quienes confunden independencia con intocabilidad y servicio civil con club premium.
El discurso oficial dice que nadie debe ganar más que la jefa del Ejecutivo. La realidad, en cambio, demuestra que la creatividad jurídica florece cuando se trata de proteger privilegios. En eso sí hay innovación democrática.

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