Entre discursos solemnes, operadores adelantados y un auditor con vínculos incómodos, la política mexicana vuelve a demostrar que la simulación sigue más viva que nunca. – El Gran Gurú

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Mis pequeños saltamontes de la política mexicana, abran bien los ojos, porque ni el incienso más fino alcanza para tapar el olor de la incongruencia que vuelve a instalarse en San Lázaro. El Gran Gurú ha descendido de su retiro espiritual para contarles el truco de la semana.
La escena es conocida: el pleno de la Cámara de Diputados se viste de solemnidad para debatir la reforma electoral de Claudia Sheinbaum. Discursos impecables, poses institucionales y llamados al bien de la patria. Puro teatro político.
Pero la pregunta de fondo sigue ahí: ¿de qué sirve reformar la ley si Morena ya encontró la manera de doblarla antes de que siquiera entre en vigor? Esa es la verdadera especialidad de la casa.
Según cuentan en los pasillos, el partido guinda perfila nombrar “coordinadores de la transición” en los 17 estados donde habrá elecciones para gubernatura. No hace falta ser adivino para entenderlo: esos coordinadores serán, en los hechos, los futuros candidatos.
La fórmula no es nueva. Se cambia el nombre, se cuida la forma y se simula legalidad. Sin embargo, en esencia, se trata de lo mismo: promoción anticipada disfrazada de estructura partidista. Cuando estaban en la oposición, los morenistas condenaban estas prácticas con escándalo y dramatismo.
Basta recordar cómo denunciaban la promoción de Enrique Peña Nieto cuando gobernaba el Estado de México. En aquellos años hablaban de abuso, inequidad y ventajismo. Hoy, con el poder en la mano, parece que los principios también entraron en campaña y se extraviaron.
Lo más interesante es que esta maniobra no queda necesariamente impedida ni por la reforma presidencial ni por el famoso “Plan B” que vuelve a rondar el debate. En otras palabras, dejando de lado los tiempos legales, Morena puede comenzar a mover sus piezas con un año de anticipación.
Y entonces aparece la gran duda para la oposición. Si se queda quieta, entrega la plaza sin pelear. Si decide moverse, corre el riesgo de que a ella sí le apliquen la ley con toda severidad. Así funciona el nuevo equilibrio político: unos avanzan y otros calculan.
Por eso, no sorprende que el debate de hoy venga planchado desde antes. Nos dicen que, en la Junta de Coordinación Política, los partidos optaron por acelerar el rechazo de la propuesta presidencial con un acuerdo que privilegia el control antes que la confrontación.
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La decisión fue que solo hablaran los coordinadores parlamentarios. Nada de abrir demasiado el micrófono ni de convertir la sesión en ring. Lo que se busca es un trámite terso, rápido y sin sobresaltos. Un funeral legislativo, sí, pero con protocolo.
Mientras eso ocurre, otro movimiento también merece atención: la elección del nuevo titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF). Porque a veces los astros de Palacio Nacional se alinean con una precisión que ya ni sorprende.
El elegido fue Aureliano Hernández Palacios Cardel, un funcionario con vínculos claros con el entorno político de Claudia Sheinbaum. Su historia familiar y profesional no pasa desapercibida para quienes entienden cómo se tejen las lealtades en el servicio público.
Es hijo de Fernando Aureliano Hernández Palacios Mirón, quien fue Director Jurídico en la administración de Sheinbaum en Tlalpan. La cercanía era tal que en 2017 quedó como encargado del despacho de la alcaldía. Después, según versiones ampliamente comentadas, también formó parte de su círculo de confianza en la capital.
El propio Hernández Palacios trabajó en el gobierno de la Ciudad de México, particularmente en la Secretaría de Obras. Nadie discute que conoce la administración pública. Lo que se discute, y con razón, es la cercanía con la figura política a la que ahora deberá auditar.
Ese detalle no es menor. La independencia de la ASF no solo debe existir; también debe parecerlo. Y cuando el nuevo auditor carga una historia tan próxima al poder en turno, las suspicacias no tardan en instalarse.
La votación, además, fue reveladora: 472 votos. No solo Morena respaldó el nombramiento. También la oposición le dio su aval. Y ahí, como siempre, aparece la política real, la que no se dice en tribuna.
Cuentan que hubo llamadas intensas de gobernadores panistas, verdes y emecistas a sus diputados. La sugerencia fue clara: apoyar a Aureliano, porque será él quien revise los recursos federales que bajan a estados y municipios. En política, el miedo también opera como método de coordinación.
En el Senado, por cierto, la sesión tuvo momentos dignos de un reparto con veteranos y ausentes célebres. Reapareció Manlio Fabio Beltrones, alejado de la escena desde mediados de 2025. Hay figuras que nunca se van del todo; simplemente esperan el momento de volver.
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También se dejó ver Miguel Ángel Yunes Linares, quien entró a suplir a su hijo, Miguel Ángel Yunes Márquez, luego de que este pidiera licencia por siete días. En ciertas familias, la continuidad política no necesita mayor explicación.
Quien, en cambio, prefirió no dar la cara fue Adán Augusto López. Evitó a la prensa y salió a toda prisa en taxi para esquivar preguntas sobre el financiamiento de su campaña como “corcholata”, tema que sigue desprendiendo un aroma incómodo en el debate público.
Y ya que hablamos de Tabasco, el nombre de Hernán Bermúdez, exsecretario de Seguridad, volvió a colocarse bajo reflector. Intentó frenar desde el Altiplano su extradición a Estados Unidos, pero el juez desechó el amparo. El expediente revive viejas cercanías políticas que no terminan de borrarse.
De regreso en Palacio Nacional, llamó la atención la presencia de Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan, durante la reunión con Sheinbaum. Llegó con sombrero, un símbolo cargado de memoria política tras el asesinato de su esposo, Carlos Manzo.
El gesto no pasó inadvertido. Algunos lo interpretaron como un homenaje personal; otros, como una señal de firmeza frente al poder. Lo cierto es que el ambiente no fue precisamente sobrio: hubo porras a la presidenta y el tono general recordó más a un acto partidista que a una reunión institucional.
Y para completar la ruta del día, en San Luis Potosí el gobernador Ricardo Gallardo fue al Senado a negar que impulse a su esposa, la senadora Ruth González, como su sucesora. Dijo que sería una aspiración personal y no un acto de nepotismo si cuenta con respaldo popular.
Además, marcó distancia con Morena al recordar que el Partido Verde tiene sus propios estatutos. Cada fuerza política, al parecer, acomoda la moral pública a su manera cuando se trata de herencias familiares.
Al cierre, en San Lázaro todos encontraron un punto de coincidencia: Donald Trump. Hubo minuto de silencio por las niñas asesinadas en Irán y reproches al republicano. Aunque sea por un momento, el miedo al vecino del norte sigue funcionando como pegamento político.
Y mientras la dignidad pública sigue sin cotizar al alza, ya se publicaron las características de las tres monedas conmemorativas del Mundial 2026: oro, plata y bimetálica. Una lástima que la congruencia no pueda acuñarse también.
Nos vemos en el próximo eclipse de honestidad.

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