El megabloqueo de transportistas, los cruceros que evitan puertos y los políticos de shopping exhiben un país donde la seguridad solo vive en palabras oficiales.
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El megabloqueo que se cocina para el lunes no es berrinche, es ultimátum directo al gobierno federal, y ya nadie se hace ilusiones.
Transportistas y campesinos ya se hartaron de pagar cuotas al crimen mientras escuchan discursos de “abrazos” y estadísticas maquilladas.
Porque, aunque en Palacio Nacional repiten que todo va “requetebién”, en las carreteras manda la extorsión y la ley del más armado.
Además, la inseguridad dejó de ser número en la mañanera y se volvió peaje obligatorio para cruzar medio país.
El plan es bloquear vías en CDMX, Edomex, Michoacán, Jalisco, Querétaro y varios estados más, con cierres simultáneos.
Y, por si fuera poco, también se habla de tomar aduanas estratégicas para presionar donde más duele: comercio y logística.
Eso significa retrasos en el abasto, pérdida de productos, gasolina varada y camiones detenidos mientras la economía hace malabares.
Mientras tanto, la autoridad presume mesas de diálogo que se anuncian con bombo, pero se sienten más foto que solución.

El reclamo es claro: menos rollo y más seguridad real en autopistas, carreteras libres y caminos rurales.
Sin embargo, los operadores sienten que son carne de cañón entre crimen organizado, omisiones oficiales y una burocracia que no los escucha.
De paso, la crisis pega de lleno al campo. Cada camión detenido es cosecha perdida y productor más endeudado.
La cosa no se queda ahí. También el turismo paga la factura de una violencia que el gobierno intenta esconder bajo la alfombra.
Cuentan que una naviera con ruta San Diego–Puerto Vallarta–Mazatlán–Los Cabos ya “sugiere” no bajar en puertos mexicanos.
Excepto, claro, en Los Cabos, donde la vitrina turística sigue relativamente cuidada y la foto luce mejor que la realidad nacional.
Fuera de México, la percepción es brutal: este es un país peligroso. Por eso muchos prefieren ver la costa desde la borda.
Pero no todos sufren igual. Algunos hasta encuentran tiempo para actualizar guardarropa en el extranjero, aunque su estado arda.
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Dicen que el gobernador de Michoacán, Alfredo Ramírez Bedolla, fue visto muy tranquilo de compras en Nueva York.
Luego volvió a Morelia y se topó con narcobloqueos, pero ya con outfit renovado para “atender” la crisis.
Así se gobierna en la era del “no pasa nada”: primero las bolsas, luego la seguridad y al final el comunicado.
Y, mientras unos huyen al duty free, otros simple y sencillamente cambian de cancha, pero no de mañas.
El exgobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, ahora será auxiliar técnico del Valladolid en España, muy lejos de sus votantes.
En teoría va a dar cátedra táctica; en la práctica, muchos temen que exporte el juego rudo de la política local.
Total, de las tribunas del Congreso a la banca europea hay solo un vuelo de distancia y mucha milla acumulada.
Y, al final, la misma vieja costumbre: cobrar bien, rendir poco y aparecer siempre en la foto correcta.
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