Con 13 muertos y más de 100 heridos, Sheinbaum defiende el apoyo inmediato y promete certificación internacional. La pregunta clave sigue: ¿qué falló y quién responde?
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheinbaum
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En Palacio Nacional, Claudia Sheinbaum quiso cerrar filas: el apoyo de 30 mil pesos “no es indemnización”, solo “auxilio inmediato” tras el descarrilamiento, el domingo.
Sin embargo, cuando hay 13 muertos y más de 100 heridos, las palabras pesan menos que los rieles, y la prisa ya no es virtud.
Además, el gobierno insiste en “reparación integral del daño”, pero la letra se reparte entre aseguradora y FGR, como si la responsabilidad fuera un archivo.
Mientras las familias entierran y acompañan a lesionados, el Estado habla de procesos, dictámenes y tiempos: burocracia cuando se requiere empatía.
Por eso el anuncio estrella fue otro: una certificación externa “internacional” para las vías y locomotoras antes de volver a transportar pasajeros, de nuevo.
Aun así, el detalle incómodo es obvio: si la ruta era segura, ¿por qué se busca ahora un sello extranjero como garantía de confianza?

De hecho, la tragedia exhibe un problema mayor: proyectos emblemáticos se inauguraron con narrativa de eficiencia, pero se administran con lógica de daños controlados.
También la pregunta es quién manda: la Marina opera el sistema, pero la investigación se deposita en Fiscalía, y la política se lava las manos.
Sin embargo, nadie explicó qué falló en la Línea Z: ¿vía, mantenimiento, capacitación, velocidad, supervisión, o todo junto, y por qué?
Además, cuando Sheinbaum llama “malinterpretación” a la crítica por el monto, suena a regaño; y en duelo, los regaños se convierten en gasolina.
Por contraste, Zoé Robledo puso datos duros: tres cirugías, incluida Regina, de tres años, ya en recuperación en Salina Cruz.
Y aun con buenas noticias médicas, el saldo humano no se arregla con boletines; se repara con verdad, garantías y consecuencias claras.
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Por eso el gobierno debería hablar menos de “especulación” y más de responsabilidades, porque la confianza no se decreta, se construye día a día.
Curiosamente, en la misma conferencia Sheinbaum condenó la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y pidió protagonismo a la ONU.
Sin embargo, la coherencia se prueba en casa: si México rechaza intervenciones externas, también debe aceptar auditorías incómodas internas, sin pretextos.
Además, una certificadora internacional puede ser útil, pero no sustituye una cadena de mando transparente ni una cultura real de seguridad operativa.
Mientras tanto, el apoyo inmediato luce como curita ante un golpe estructural: transporte de pasajeros sin estándares verificables desde el primer día.
Por eso, si el Tren Interoceánico quiere futuro, necesita algo más que discursos: necesita peritajes públicos, sanciones si procede y un rediseño serio.
Y si el gobierno quiere credibilidad, debe entenderlo ya: la tragedia no se “aclara”; se asume, se explica y se corrige, frente a todos.

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