El golpe contra Vector no solo sacudió a Alfonso Romo en el terreno financiero. También profundizó su ruptura con Morena y abrió nuevas preguntas sobre el mapa de poder rumbo a 2027.
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Alfonso Romo vuelve a quedar en el centro del radar político y financiero, pero esta vez no por una apuesta de gobierno, sino por el desgaste de una relación que luce rota con el oficialismo. El punto de quiebre fue el caso de Vector Casa de Bolsa, señalada en junio de 2025 por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos como una institución de “preocupación principal” en materia de lavado de dinero ligado al tráfico de opioides; meses después, la CNBV revocó su licencia a petición voluntaria de la propia firma, según el regulador mexicano. A la par, la presidenta Claudia Sheinbaum y Hacienda insistieron públicamente en que Washington no entregó pruebas concluyentes para sostener sus acusaciones en México.
Ese episodio no solo golpeó a una empresa emblemática del círculo de Romo. También exhibió algo más delicado: la fragilidad del viejo puente entre un sector empresarial que apostó por la llamada 4T y un movimiento que, llegado al poder, ya no necesariamente protege a todos sus antiguos aliados. En política, los agravios cuentan. Y cuando un empresario del tamaño de Romo percibe distancia, frialdad o silencio, el mensaje rebasa lo personal: habla de una reconfiguración del poder. Esa lectura es consistente con el enfriamiento que Romo arrastra desde su salida de la Oficina de la Presidencia en diciembre de 2020, cuando López Obrador lo despidió como enlace con empresarios, pero ya fuera del círculo operativo del gobierno.
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Hay además un antecedente que sigue pesando en su biografía política: la cancelación del aeropuerto de Texcoco. En 2018, esa decisión detonó turbulencia financiera y un choque con inversionistas; después, el propio Romo admitiría que el proceso fue “equivocado”. Para muchos en el empresariado regio y capitalino, ahí comenzó la erosión de la promesa de interlocución que él representaba dentro del obradorismo.
Lo que hoy se mueve alrededor de Romo, sin embargo, ya no pertenece del todo al terreno financiero. Pertenece al cálculo rumbo a 2027. En Nuevo León, la conversación política ya empezó a girar alrededor de nombres, encuestas y bloques de poder. Tatiana Clouthier ha dicho abiertamente que busca la “máxima responsabilidad” en el estado, mientras sondeos recientes la colocan entre los perfiles competitivos de Morena.
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En ese contexto, la molestia de Romo con Morena adquiere otra dimensión. No hay prueba pública de que ya haya decidido apoyar a otra fuerza ni de que opere contra el partido. Eso, por ahora, pertenece al terreno de las versiones políticas. Pero sí existe un dato duro: el empresario que alguna vez ayudó a tender puentes entre López Obrador y la élite económica hoy observa desde mucha mayor distancia a un movimiento que cambió de mando, de interlocutores y de prioridades. Ese distanciamiento importa porque en Nuevo León el dinero, la estructura empresarial y las señales de confianza siguen pesando.
Para el ciudadano común, esta historia no es un pleito de cúpulas sin consecuencias. Cuando se rompen los canales entre poder político y poder económico, se enfría la inversión, crece la incertidumbre y se enrarece la disputa electoral. En otras palabras: el caso Romo-Vector-Morena puede ser menos un ajuste de cuentas del pasado que un primer síntoma de la batalla por el 2027.

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