Una medición de voto negativo coloca a Andy López Beltrán como el perfil con mayor rechazo rumbo a 2030. El dato no es menor: revela el costo de la incongruencia, los señalamientos y la guerra de percepciones dentro de Morena.
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La política mexicana vive de símbolos, y el apellido suele ser el símbolo más rentable. Sin embargo, cuando una encuesta te coloca como “el que nunca”, el símbolo se vuelve búmeran. Eso le pasa hoy a Andrés Manuel “Andy” López Beltrán: 60.4 % de rechazo en un ejercicio de GobernArte rumbo a 2030.
Para dimensionarlo, el dato no mide “intención de voto”; mide voto negativo: a quién la gente no apoyaría bajo ninguna circunstancia. Y ese indicador es brutal, porque funciona como techo. Además, en campañas largas, el rechazo se vuelve conversación cotidiana: en la mesa, en el chat familiar y, sobre todo, en redes.

Ahora bien, la propia metodología reportada (levantamiento del 6 al 11 de enero, 500 entrevistas, un 95 % de confianza y margen de error estimado entre un 2.5 % y un 3.7 %) obliga a leer el resultado con prudencia. Aun así, la señal política existe: Andy aparece por encima de “Alito” Moreno (55.8 %) y por arriba de perfiles polarizantes como Lilly Téllez (50.3 %) o Ricardo Anaya (46.8 %).
¿De dónde viene ese rechazo? Primero, de la percepción de incongruencia: el discurso de austeridad convive con historias de viajes, restaurantes y gastos que se vuelven tendencia. Además, cuando la defensa pública suena a “yo pagué”, el ciudadano común responde: “Perfecto, pero entonces explícame por qué tu partido sermonea a los demás”.
Segundo, pesa la sospecha. En México no necesitas una sentencia para perder reputación: basta una narrativa persistente de señalamientos (por ejemplo, alrededor del huachicol fiscal y supuestas redes de protección) para que el costo sea inmediato. Y, mientras más alto el perfil, más cara la duda.
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Tercero, la operación política. Después de los comicios locales de 2025 en Durango y Veracruz, el debate interno se calentó: ¿fue un tropiezo normal o una prueba de fuego reprobada? En política, aunque el resultado sea mixto, la percepción manda; y la percepción se alimenta de culpas rápidas.
Mientras tanto, el contraste dentro de Morena también habla: en el mismo estudio, Marcelo Ebrard marca el menor rechazo (23.2 %) y Omar García Harfuch queda bajo (25.5 %). Es decir, el partido concentra tanto los mayores “no” como los menores “no”. Por eso, el dilema no es solo “Andy sí o no”; es qué tipo de candidato imagina Morena para reconectar con el ciudadano que hoy desconfía.
En resumen: si el linaje antes abría puertas, hoy exige rendición de cuentas doble. Y cuando la calle te rechaza, no hay estructura partidista que tape el ruido: solo lo administra… hasta que explota.
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