Mientras el país suma víctimas por el descarrilamiento del Tren Interoceánico, una investigación revive audios y contratos que apuntan a presuntas redes de influencia alrededor del balasto.
Nacional | Corrupción
Noticias
Política Gurú
Apenas estamos contando muertos por el descarrilamiento de la Línea Z del Tren Interoceánico y, aun así, la conversación pública ya se movió hacia lo que siempre aparece: el negocio detrás de la obra. No es morbo; es supervivencia cívica.
Porque si un proyecto se vende como “histórico”, entonces debe aguantar un escrutinio histórico. Además, cuando la tragedia toca a familias reales, la opacidad deja de ser un debate técnico y se vuelve una amenaza cotidiana.
En ese contexto, una investigación periodística documenta audios y contratos donde el balasto —la piedra que sostiene la vía— se vuelve la llave para facturar, repartir favores y cerrar círculos.
Según esos reportes, en enero de 2024 Amílcar Olán habría firmado un contrato por 47.6 millones de pesos para suministrar 30 mil m³ de balasto para la Línea K, aún en construcción.

Además, el precio se habría pactado en 1,370 pesos por m³ sin IVA, en conversaciones con Pedro Salazar Beltrán, señalado como primo-operador ligado al entorno de “Andy” y “Bobby” López Beltrán. Aquí el dato no es chisme: es posible conflicto de interés.
Lo más delicado, sin embargo, es el “cómo” del negocio. En los audios, la rentabilidad principal no estaría en la piedra, sino en el traslado: cobros por kilómetro, casetas y trayectos. Es decir, el incentivo premia mover camiones, no certificar calidad.
Y cuando el incentivo se diseña así, el ciudadano paga dos veces. Primero con impuestos, porque cada sobrecosto sale del bolsillo público. Luego con riesgo, porque una cadena de suministro capturada suele recortar controles, apurar entregas y normalizar atajos.
Por si fuera poco, estos nombres ya arrastran antecedentes mediáticos. En 2024 se difundieron audios sobre el Tren Maya donde se hablaba de “arreglar” pruebas de laboratorio del balasto, e incluso se bromeó con un descarrilamiento.
Síguenos en Instagram para mantenerte siempre informado
Mientras tanto, la tragedia de la Línea Z escaló a 14 fallecidos y dejó decenas de lesionados. Además, la FGR mantiene peritajes abiertos para identificar responsabilidades. Entonces sí: investiguemos con rigor, pero investiguemos todo, no solo el accidente.
Porque el impacto en el ciudadano común es inmediato. Cada contrato opaco encarece la obra, reduce mantenimiento y erosiona confianza. Además, un corredor que prometía empleo y competitividad se vuelve sinónimo de miedo si la prioridad fue el “moche” y no la seguridad.
En consecuencia, la salida no es “defender” o “tirar” el proyecto; es blindarlo. Se necesitan compras públicas limpias, controles de calidad auditables, trazabilidad del material y un muro real entre supervisión y negocio. Si no, inauguramos con listón y cerramos con luto.
Y la pregunta final es simple: ¿quién responde si la vía falla otra vez? No bastan condolencias ni conferencias. Se deben transparentar contratos y subcontratos; y, sobre todo, sancionar si hubo tráfico de influencias. Porque si la justicia llega tarde, la próxima curva también.

Be the first to comment on "Balasto, audios y luto: el Tren Interoceánico y el costo de la opacidad"