La reforma electoral de Claudia Sheinbaum se ha topado con pared. Ricardo Monreal confirmó que ni el PT ni el PVEM respaldarán el proyecto constitucional, obligando al oficialismo a buscar una ruta alterna a través de leyes secundarias.
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La política es, ante todo, el arte de lo posible, y para Ricardo Monreal, lo posible hoy no incluye una reforma electoral constitucional. Con la franqueza de quien sabe leer las nubes antes de la tormenta, el coordinador de Morena admitió que el proyecto de la presidenta Claudia Sheinbaum carece de los votos necesarios. Sin embargo, lo que parece una derrota es, en realidad, el aviso de una nueva estrategia.
En consecuencia, el panorama en San Lázaro ha cambiado drásticamente. Morena cuenta con sus propios legisladores, pero sus aliados habituales, el PT y el PVEM, han decidido marcar su raya. Al parecer, la supervivencia de sus propias estructuras no comulga con la propuesta presidencial. Por lo tanto, la mayoría calificada —esos 330 votos mágicos— se ha vuelto un espejismo inalcanzable para el oficialismo.
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No obstante, el ciudadano común no debe llamarse a engaño. El hecho de que la Constitución quede intacta no significa que las reglas del juego no vayan a cambiar. Resulta evidente que, ante la imposibilidad del plan original, el Gobierno ya prepara el Plan B. Esta ruta implica modificar leyes secundarias que solo requieren mayoría simple, un terreno donde Morena se mueve con total libertad.
Por otro lado, especialistas advierten que este movimiento busca intervenir en la distribución de diputados plurinominales y en la estructura operativa del INE. Si bien no pueden eliminar senadurías por esta vía, sí podrían asfixiar presupuestalmente a las juntas distritales. En este sentido, el impacto para el votante es directo: una organización electoral potencialmente menos robusta y más centralizada.
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Además, el contexto jurídico actual es distinto al de 2022. Con una Suprema Corte cuya composición y ánimo parecen más alineados con el Ejecutivo, los frenos legales que antes detuvieron el «Plan B» de López Obrador podrían no existir esta vez. Por ello, la advertencia de Monreal de que no es «mago ni alquimista» suena más a un repliegue táctico que a una rendición definitiva.
Finalmente, la estabilidad de la alianza oficialista no parece estar en riesgo de ruptura total, sino en una fase de negociación tensa. El «desencuentro temporal» que menciona Monreal es el recordatorio de que, en la política mexicana, hasta los aliados más fieles tienen un precio que la reforma electoral actual no está dispuesta a pagar.

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