A seis meses de que arranque formalmente la carrera rumbo a 2027, Morena llega como partido en el poder con un riesgo clásico: la pelea interna ya consume agenda y disciplina.
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A seis meses de que arranque formalmente la carrera rumbo a 2027, Morena llega como partido en el poder con un riesgo clásico: la pelea interna ya consume agenda y disciplina. Por eso, el ciudadano común termina pagando el costo en seguridad, servicios y decisiones pospuestas.
Para empezar, el golpe más delicado no viene de la oposición, sino desde el propio círculo obradorista. Julio Scherer Ibarra lanza acusaciones en Ni venganza ni perdón contra Jesús Ramírez Cuevas por supuestos contactos con Sergio Carmona (“Rey del huachicol”). En respuesta, Ramírez lo negó y lo llamó ataque.
En paralelo, la Secretaría de Educación Pública abrió otro frente incómodo. Marx Arriaga fue separado del cargo y, sin embargo, se mantuvo en oficinas exigiendo un documento legal. Además, el episodio obligó a Claudia Sheinbaum a salir a defender que los libros de texto no cambiarán en lo sustantivo.
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Sin embargo, el conflicto que más amenaza la cohesión legislativa está en la reforma electoral. Mientras Ricardo Monreal buscó dar por “superado” el debate, Luisa María Alcalde lo desmintió y endureció el mensaje sobre plurinominales. Aun así, Partido Verde Ecologista de México y Partido del Trabajo negocian para no perder control de candidaturas.
Por otra parte, en Campeche el pleito escaló de lo discursivo a lo institucional. Diez diputados locales de Morena rompieron con Layda Sansores y acusaron persecución. En términos prácticos, esa fractura anticipa cómo se pelearán presupuestos, candidaturas y lealtades durante 2027.
Además, la credibilidad interna se resiente. Rafael Barajas habló de “cursos urgentes” de ética y austeridad para cuadros del partido. Y, al mismo tiempo, la dirigencia presume “principios” mientras se multiplican expedientes, filtraciones y señalamientos entre compañeros.
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Mientras tanto, el fuego amigo ya cobra posiciones. Adán Augusto López Hernández denunció ataques internos por su patrimonio y presuntos nexos con huachicol fiscal. Después, dejó la coordinación y el relevo recayó en Ignacio Mier, una señal de que la disputa se juega con cuchillo corto.
En cambio, en Veracruz la batalla se mueve en clave de candidaturas. Sergio Gutiérrez Luna rechazó señalamientos sobre contratos ligados a su entorno y los presentó como otro intento de fuego amigo. Aunque no dio nombres, el mensaje apunta a los grupos que orbitan a Rocío Nahle García.
Finalmente, el frente del nepotismo encendió a aliados y tribus. Aunque Sheinbaum ha marcado línea contra herencias políticas, el PVEM impulsó a Ruth González Silva como posible sucesora de Ricardo Gallardo en San Luis Potosí. Además, Saúl Monreal reta “candados”, y Félix Salgado Macedonio no se baja.
En suma, sin el “factor AMLO” como pegamento, la coalición enfrenta una verdad simple: gobernar requiere cohesión. Por eso, si Morena no ordena su casa antes de septiembre de 2026, el proceso de 2027 puede convertirse en guerra de facciones… con el país como rehén.

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