La promesa de austeridad electoral de la presidenta Sheinbaum enfrenta un enemigo inesperado: sus propios aliados. El PT y el Partido Verde bloquean la reforma por miedo a perder presupuesto y escaños plurinominales.
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La reforma electoral prometida por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo se ha topado con un muro. Sin embargo, este obstáculo no proviene de la oposición conservadora ni de los “adversarios” habituales, sino de sus propios compañeros de viaje. Según análisis recientes, la iniciativa está virtualmente secuestrada por el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).
El conflicto no es ideológico, es de supervivencia financiera. La propuesta original busca recortar el financiamiento público y eliminar las plurinominales (escaños de representación proporcional). Por consiguiente, los aliados de la coalición ven en esto una amenaza existencial, ya que su fuerza política depende en gran medida de estas prerrogativas y curules aseguradas.

En otras palabras, el problema es dinero y poder. Mientras el discurso oficial hacia la ciudadanía habla de austeridad y de “quitarle dinero a la burocracia partidista”, tras bambalinas, la realidad es muy distinta. El PT y el Verde saben que, sin esos recursos, su operatividad y relevancia se desplomarían.
De hecho, figuras clave como Alfonso Ramírez Cuéllar, vicecoordinador de Morena, ya han admitido el riesgo de que la reforma quede empantanada. Por lo tanto, el entorno presidencial baraja tres escenarios: archivarla, lanzarla “descafeinada” o ir al choque directo. Todo indica que ganará la opción descafeinada: cambios cosméticos para no enojar a los socios.
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Se perfila entonces una reforma simbólica. Los borradores sugieren mantener las plurinominales en la Cámara de Diputados y solo eliminarlas en el Senado, además de restringir el financiamiento solo para gasto corriente, salvando el dinero de campañas. Así, la promesa de una transformación profunda del sistema electoral podría quedar, una vez más, en retórica.
Finalmente, esto deja al ciudadano común en el mismo lugar de siempre. Mientras se discute la agenda legislativa de 2026 y la revocación de mandato, la estructura de costos de nuestra democracia permanecerá casi intacta. La 4T enfrenta la paradoja de tener el poder para cambiar las reglas, pero las manos atadas por las deudas políticas con quienes le ayudaron a conseguirlo.

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