A dos carreras del final, McLaren se resiste a imponer órdenes de equipo y deja que Lando Norris y Oscar Piastri se jueguen el título con Max Verstappen respirándoles en la nuca.

Pit Stop: Lo último en la F1
Alberto Castelazo Alcalá
@Castelazoa
Política Gurú
McLaren decidió jugar con fuego.
A dos carreras del final anuncia que no habrá órdenes de equipo entre Lando Norris y Oscar Piastri.
Suena romántico, casi de otro tiempo.
Pero, con el Mundial al rojo vivo, también parece una apuesta peligrosamente naïf.
Hoy Lando Norris lidera el campeonato con 390 puntos.
Piastri y Max Verstappen persiguen empatados con 366, con 58 unidades en juego entre Qatar y Abu Dabi.
Además, venimos del caos de Las Vegas, donde la descalificación de los dos McLaren borró puntos clave y reanimó a Verstappen en la pelea por el título.
Por eso, cuando Andrea Stella promete que “dejaremos que los dos pilotos luchen por la victoria final”, no solo habla de deporte.
También manda un mensaje político a todo el paddock.
Porque, seamos honestos, casi cualquier otra escudería ya habría tomado partido.
Habría blindado al líder y convertido al compañero en escudero obediente, al menos hasta asegurar el título.
Sin embargo, McLaren insiste en el discurso del mérito deportivo.
Mientras las matemáticas mantengan vivo a Piastri, tendrá derecho a pelear, aunque eso incomode a estrategas y patrocinadores.
Aquí aparece la primera grieta.
Sobre el papel, la igualdad interna suena justa; en la práctica, cada decisión de estrategia inclina la balanza hacia uno u otro.
Además, en el box todos saben leer el ambiente.
Norris es el proyecto de casa, la cara de la marca, el piloto construido para liderar la era papaya.
En cambio, Piastri llegó como diamante en bruto.
Ya ganó carreras, ya aguantó presión y no está dispuesto a ser simple guardaespaldas con casco naranja.
Si de verdad los dejaran correr sin intervenciones, el espectáculo sería brutal.
Dos jóvenes sin cadenas, jugándose un Mundial mano a mano contra Verstappen.
Pero, ¿alguien cree de verdad que no habrá gestión?

Una parada “casual”, un undercut oportuno o un mensaje de radio sobre neumáticos pueden decidir el campeonato sin admitir nada públicamente.
Además, hay memoria.
Durante la temporada ya vimos mensajes incómodos, órdenes veladas y decisiones que beneficiaron más a uno que a otro.
Por eso, este “no nos vamos a mojar” suena también a herramienta de marketing.
Es un relato perfecto para redes sociales, no necesariamente para la pared del pit wall.
Desde mi butaca, la ecuación parece clara.
Si priorizas la justicia interna, abres la puerta a que Verstappen se lleve el botín completo.
En cambio, si priorizas el título con frialdad, blindas a Norris en Qatar.
Después, en Abu Dabi, abres la jaula y permites la guerra total.
Además, el margen de 24 puntos es mucho y nada a la vez.
Un abandono, una sanción o un safety car loco pueden voltear el Mundial en una noche.
Verstappen vive precisamente de eso.
Castiga cualquier error ajeno y, si ve que en McLaren se miran entre ellos, no dudará en clavar el colmillo.
En lo personal, yo habría sido menos romántico.
Primero aseguras el campeonato con tu piloto mejor colocado; luego discutes la pureza deportiva en el podcast, no en la pared de boxes.
Sin embargo, entiendo por qué Zak Brown y Stella se aferran al “dejaremos que corran”.
Vende libertad, respeta a Piastri y cuida la imagen moderna de la escudería.
Además, manda un mensaje al mercado.
En McLaren nadie es piloto dos por decreto, al menos en el discurso, y eso seduce a cualquier talento joven.
El problema es que la historia del equipo no ayuda.
Desde Senna y Prost hasta los roces recientes, cada guerra interna dejó cicatrices profundas en Woking.
Por eso, esta vez el margen de error es mínimo.
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Si la jugada sale bien, McLaren presumirá un relato heroico y una era papaya construida sobre la confianza en sus dos armas.
Pero, si sale mal, hablaremos de oportunidad desperdiciada.
Ver a Verstappen levantar otro trofeo mientras tus pilotos se quitan puntos será un meme eterno.
Aun así, hay algo emocionante en todo esto.
Como aficionados, ganamos un cierre sin red de seguridad, con tres animales de pista jugándose el título a golpes limpios.
Además, el campeonato necesitaba una historia así.
Después de años de dominio casi absoluto, tener a Norris, Piastri y Verstappen tan apretados es un regalo para la F1.
Al final, la pista dictará sentencia.
Si McLaren acierta, diremos que la fe en sus pilotos fue su mayor fortaleza y no su talón de Aquiles.
Pero, si se equivoca, la conversación cambiará rápido.
Nadie hablará del romanticismo deportivo, solo de unas papaya rules demasiado ingenuas para un Mundial tan cruel.
Por ahora, solo tengo clara una cosa.
Qatar y Abu Dabi no solo decidirán un título; también revelarán si en Woking mandan las emociones o la calculadora.

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