La política en Chihuahua se calienta. Mientras Adán Augusto López reafirma su apoyo a Andrea Chávez, su equipo de campaña, encabezado por Abraham Mendieta, advierte que la relación es tóxica para sus aspiraciones.
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En el ajedrez político de la Cuarta Transformación, las alianzas que ayer eran fortalezas hoy parecen lastres de plomo. La senadora Andrea Chávez, quien tiene la mirada fija en la gubernatura de Chihuahua para 2027, enfrenta un dilema existencial. Consecuentemente, la cercanía con su mentor, Adán Augusto López, ha pasado de ser un activo estratégico a una “alerta naranja” que amenaza con descarrilar sus ambiciones.
Ciertamente, el ruido no es gratuito. Las acusaciones que vinculan al exsecretario de Gobernación con presuntos nexos criminales en Tabasco —específicamente con el grupo “La Barredora”— han dinamitado la estabilidad en el war room de la joven legisladora. Debido a esto, su asesor más cercano, Abraham Mendieta, ha sido tajante: un desmarque total es urgente. La frase que resuena en los pasillos es demoledora: “Nos va a hundir”.

Por otro lado, el tabasqueño no parece dispuesto a retirarse en silencio. Al renunciar a la coordinación de Morena, aprovechó para bendecir públicamente a Chávez como “la mejor posicionada” para el “Estado Grande”. No obstante, este respaldo ha caído como un balde de agua fría. En política, un apoyo no solicitado de alguien bajo fuego mediático se siente más como un abrazo de oso que como un impulso real.
En realidad, el malestar ha llegado hasta las oficinas de Palacio Nacional. La desconfianza hacia el rol de Adán Augusto como operador en la cuarta circunscripción es palpable. Efectivamente, existe el temor de que su “activismo” desplace la estrategia de unidad centralizada y desate una ola de destapes prematuros que la cúpula aún no está lista para avalar.
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Por lo tanto, el ciudadano común observa una fractura donde se prometía cohesión. Si Andrea Chávez decide ignorar las advertencias de su equipo, se arriesga a heredar los pasivos de un personaje cuya sombra es cada vez más alargada y oscura. En conclusión, la política chihuahuense está por presenciar si la senadora prioriza la gratitud personal o la viabilidad electoral. Como dicen en el argot: “Ya no ayudes, compadre”.

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