La detención del alcalde de Tequila, vinculado al CJNG, ha puesto los reflectores sobre Jalisco. Sin embargo, expertos advierten que esta captura es insignificante frente a la inmensa red de poder, protección política y control territorial que Nemesio Oseguera, “El Mencho”, ha construido durante la última década.
Editorial | Seguridad
Análisis
Política Gurú
La reciente detención de Diego Rivera Navarro, alcalde de Tequila, no es un hecho aislado ni una sorpresa para quienes observan la realidad de Jalisco. Aunque el titular es escandaloso, la caída de un “narcoalcalde” es apenas un síntoma menor de una enfermedad crónica. La realidad es que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha superado la etapa de ser una simple organización criminal para convertirse en un poder fáctico que cogobierna, extorsiona y decide el destino de la región occidente de México.
Para entender el presente, es crucial mirar al pasado. Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, no eligió Jalisco por azar. Este estado, con su potente economía y su ubicación estratégica, ha sido históricamente el santuario de grandes capos desde los tiempos de Rafael Caro Quintero. Sin embargo, “El Mencho” perfeccionó el modelo. Aprovechando el vacío de poder tras la muerte de Ignacio Coronel en 2010 y capitalizando la transición política del PAN al PRI con Aristóteles Sandoval, Oseguera construyó su imperio bajo las narices de las autoridades.
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Lo que distingue al CJNG de otros grupos no es solo su violencia, sino su disciplina paramilitar. A diferencia de la estructura tradicional de “familia”, el Mencho implementó tácticas de guerra, propaganda y un culto a la personalidad casi sectario. Además, su expansión no se limitó a las balas; su mayor arma ha sido la operación política.
Durante la última década, la organización ha sabido “leer” los tiempos políticos. Según el análisis de expertos, el cártel ha navegado con éxito entre los cambios de gobierno, desde el auge de Movimiento Ciudadano en Jalisco hasta la política federal de “Abrazos, no balazos” impulsada por López Obrador. Esta estrategia de laissez-faire federal permitió que el grupo criminal gozara de años de impunidad, expandiéndose hasta controlar aduanas y territorios clave en Michoacán y la frontera norte.
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Por lo tanto, la captura del alcalde de Tequila, aunque mediática, no desestabiliza la estructura. El Mencho sigue siendo el “Señor de los Gallos”, operando desde la Sierra Sur, protegido no solo por un ejército con capacidad para derribar aeronaves, sino por una base social leal, comprada con despensas y “ayudas” donde el Estado está ausente.
En conclusión, mientras la estrategia de seguridad nacional no desmantele las redes de complicidad política y financiera que sostienen al cártel, detener a un presidente municipal es simplemente podar una hoja de un árbol cuyas raíces siguen intactas y profundas.
CJNG Jalisco Narcopolítica
Nota del editor: Esta editorial está basada en la columna de opinión de Salvador García Soto en su columna “Serpientes y escaleras», publicada en El Universal.

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