Sheinbaum vs. Trump: aranceles, “narcoterrorismo” y la presión que sí paga el ciudadano

Tensión Sheinbaum Trump

Trump volvió con aranceles y seguridad como palancas; Sheinbaum respondió con “cabeza fría”. El costo real, sin embargo, se traslada a precios, empleo, banca y migración.

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La relación Sheinbaum–Trump arrancó con un mensaje claro desde Washington: primero aranceles, luego seguridad. Desde el 20 de enero de 2025, Trump volvió a la Casa Blanca con una narrativa de “cobrar afuera” y “presionar adentro”, usando el comercio como palanca para forzar resultados en migración y fentanilo.

El primer choque fue económico. Trump habló de un 25 % para México y Canadá, y el ruido pegó donde más duele: inversión, tipo de cambio, empleo exportador y costos en cadenas industriales. Sheinbaum respondió con su fórmula de “cabeza fría”, porque cualquier reacción impulsiva habría encarecido crédito y frenado decisiones de empresas.

Luego llegó la mecánica real del pulso: negociación a cambio de “entregables”. Tras una llamada, se pactó pausar la entrada en vigor de aranceles, crear grupos de trabajo y desplegar 10,000 elementos en la frontera. Así, el mensaje para el ciudadano común fue directo: la seguridad dejó de ser solo un tema interno y se volvió moneda de intercambio para proteger la economía.

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Sin embargo, el costo no desapareció; se desplazó. La amenaza posterior de aranceles a acero y aluminio y el golpe al campo con un 17 % a tomates reactivaron la incertidumbre. Y aunque el consumidor quizá no ve la “política arancelaria” en abstracto, sí la siente cuando suben insumos, se ajustan precios o se congelan contrataciones en regiones exportadoras.

En paralelo, Trump movió otra ficha simbólica: el “Golfo de América”. Parecería un pleito de nombres, pero en realidad es una señal de poder: quien define el mapa también pretende definir las reglas. Por eso Sheinbaum buscó frenar el cambio en plataformas y respondió con ironía política. El impacto práctico es reputacional: si te ceden el lenguaje, después te discuten la soberanía.

La tensión subió cuando el tema pasó de comercio a “narcoterrorismo”. La designación de cárteles como organizaciones terroristas (FTO) endurece el ecosistema completo: banca corresponsal, cumplimiento, transferencias y riesgos legales para empresas. En otras palabras, no solo persigue criminales; también puede ensanchar el “daño colateral” financiero si todo se trata como zona roja.

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Además, Washington empujó la narrativa de “refugios” y, más tarde, el golpe fue quirúrgico: señalamientos a CIBanco, Intercam y Vector por presunto lavado vinculado al fentanilo. Eso toca un nervio sensible, porque cuando el sistema financiero entra en modo defensa, se encarecen operaciones, se vuelven más lentos los pagos y se endurecen filtros para usuarios legítimos.

Mientras tanto, el frente migratorio también se endureció: redadas masivas, propaganda antiinmigrante transmitida en México y una respuesta regulatoria desde Palacio. Aquí el ciudadano común ve dos realidades: familias partidas y, al mismo tiempo, un debate sobre límites a mensajes extranjeros en medios nacionales.

Al cierre del año, el pulso se volvió más áspero: presión por el Tratado de Aguas de 1944, amenazas de un arancel del 5 % y el fentanilo descrito como “arma” por Washington. En conjunto, la estrategia de Sheinbaum ha sido contener sin romper; pero la pregunta de fondo sigue viva: ¿cuánto puede resistir una economía abierta cuando el socio principal convierte cada tema en palanca de presión?

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