Mota-Engil y Pepe Miguel el negocio del fútbol: cuando la obra pública también juega en la cancha.

José Miguel Bejos y Mota-Engil

Política Gurú presenta la columna de David Martínez Staines sobre la llegada de José Miguel Bejos al Atlas y el debate que abre entre fútbol, infraestructura, relaciones políticas y transparencia empresarial.

José Miguel Bejos y Mota-Engil

#AsídeClaro | David Martínez Staines

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Los mismos ganan, cambian los gobiernos

En México cambian los presidentes, cambian los discursos y cambian las promesas. Lo que rara vez cambia son los grandes ganadores de la obra pública.

La posible incursión de Mota-Engil en la construcción y remodelación de estadios para clubes de la Liga MX confirma una constante en México: las grandes constructoras nunca dejan de encontrar nuevos mercados cuando mantienen una estrecha relación con el poder político. Los contratistas del poder… y del fútbol

En México los gobiernos cambian. Los contratistas, casi nunca.

Es una constante que atraviesa sexenios, partidos y discursos. Mientras la clase política presume rupturas históricas, hay empresarios que dominan un arte mucho más rentable: sobrevivir a cualquier transición.

Uno de ellos es Pepe Miguel Bejos.

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Su nombre ha estado ligado durante años a Mota-Engil México, una de las constructoras con mayor presencia en los grandes proyectos de infraestructura del país. La empresa consolidó su posición durante el gobierno de Enrique Peña Nieto y, lejos de perder influencia con la llegada de Andrés Manuel López Obrador, mantuvo un papel relevante en proyectos estratégicos de la llamada Cuarta Transformación.

Esa capacidad de adaptación merece más atención que cualquier discurso político.

Mientras desde Palacio Nacional se insistía en que había terminado la era de los contratistas favoritos, algunas empresas siguieron obteniendo contratos de alto valor. No es una acusación de ilegalidad; es una constatación de que ciertas compañías han sabido construir relaciones institucionales que trascienden gobiernos y proyectos políticos.

Ahora el negocio parece dirigirse hacia otro terreno: el fútbol.

Con la llegada de inversionistas como Alejandro Baillères Bejos a la Liga MX y el impulso que representa el Mundial de 2026 para renovar estadios y desarrollar complejos comerciales, constructoras especializadas ven abrirse un mercado multimillonario. Entre los nombres que comienzan a mencionarse aparece nuevamente Mota-Engil.

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No sorprende.

Los estadios modernos ya no son solo inmuebles deportivos. Son desarrollos inmobiliarios con hoteles, restaurantes, centros comerciales, zonas de entretenimiento y proyectos de plusvalía urbana. Quien construye un estadio no solo gana una obra; entra en un negocio que puede generar ingresos durante décadas.

Y ahí la experiencia de Pepe Miguel Bejos resulta particularmente significativa.

Su trayectoria refleja cómo algunos empresarios han logrado mantenerse cerca de los grandes proyectos nacionales sin importar quién ocupe la Presidencia. Esa continuidad habla tanto de capacidad empresarial como de una habilidad para navegar el poder político que pocas compañías poseen.

La discusión no debería centrarse en si Mota-Engil participa o no en la construcción de estadios. El verdadero debate es otro: ¿existirán procesos abiertos, competencia efectiva y transparencia suficiente para garantizar que esos contratos respondan al mejor proyecto y no a las mejores relaciones?

Porque la historia reciente demuestra que los gobiernos cambian con el voto.

Los grandes contratistas, en cambio, parecen cambiar únicamente de cliente.

Y quizá esa sea la mayor lección de la política mexicana: las alternancias suelen transformar los discursos, pero rara vez modifican el mapa del poder económico.

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David Martínez Staines
Mis hijos, mi mayor acierto. Porque yo lo valgo. Colaborador de @radio_formula y columnista de @politicaguru

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