Toluca dejó la foto incómoda y Sheinbaum respondió con un “ya no”: México volará, EU no aterriza. Pero el mismo día defendió el envío de 92 narcos y prometió candados para una credencial de salud obligatoria.
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheinbaum
Análisis
Política Gurú
Estos son los temas más importantes de la conferencia matutina de la presidenta Sheinbaum. El hilo conductor fue la soberanía: aviones militares de Estados Unidos en Toluca, el envío de 92 narcotraficantes y una credencial de salud obligatoria con datos sensibles. Todo, en un mismo tablero.
La presidenta reaccionó a la imagen que más ruido hizo: un Hércules estadounidense aterrizando en el Aeropuerto de Toluca. Y, aunque negó una “invasión”, sí admitió que la logística se va a corregir. En otras palabras: se acabó la escena del avión de EU “recogiendo” funcionarios mexicanos.
Según Sheinbaum, las capacitaciones con Washington seguirán, pero ahora será México quien vuele. Primero se aprueba en el Consejo Nacional de Seguridad y, después, se decide el traslado en aeronave mexicana. Con eso, el Gobierno busca cortar de raíz la percepción de dependencia, aunque la cooperación siga intacta.
Y ahí aparece el Consejo Nacional de Seguridad: decide, avala y resuelve. Pero sin criterios públicos, esa mesa termina siendo caja negra para la ciudadanía.
Sin embargo, el detalle político no está en el vuelo, sino en el mensaje: “Yo decido cómo, cuándo y quién cruza”. Porque, en pleno debate sobre seguridad, cualquier gesto se vuelve símbolo. Y Toluca se convirtió en símbolo de una línea roja: colaboración sí, pero sin “foto” que parezca tutela.

A la par, Sheinbaum enfrentó otra pregunta incómoda: la lista de 92 narcotraficantes enviados a Estados Unidos. Aseguró que no se tocó el tema en su última llamada con Donald Trump. Además, sostuvo que fue una solicitud del Departamento de Justicia y que el Consejo de Seguridad revisó cada caso.
Aquí el Gobierno intenta una maniobra de equilibrio: por un lado, presume coordinación bilateral; por el otro, evita que parezca una concesión directa a Trump. No obstante, la explicación deja una duda legítima: si el criterio es “conveniencia para México”, ¿quién evalúa y con qué indicadores?
Mientras tanto, apareció un tema que puede incendiar más que Toluca: la Credencial del Servicio Universal de Salud. Será obligatoria para toda la población y concentrará el expediente clínico. Sheinbaum prometió protección de datos personales, “candados” y un programa integral de ciberseguridad.
El problema es que la confianza digital no se decreta, se construye. Y, aunque el gobierno hable de candados, la pregunta sigue: ¿quién administra el sistema, quién audita y qué pasa cuando haya filtraciones? Porque, en México, el historial de bases de datos mal protegidas pesa.
Además, la obligatoriedad cambia el tono. Una credencial de salud puede facilitar trámites y atención, pero también puede volverse un instrumento de control burocrático si no hay transparencia. Por eso, el “está garantizado” suena a promesa grande que tendrá que sostenerse con reglas públicas, no con discursos.
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En el frente diplomático, Sheinbaum defendió a Josefa González Blanco ante señalamientos de acoso laboral en la embajada en Reino Unido. Dijo que no hay investigaciones y que hizo un “muy buen trabajo”. Aun así, el caso exhibe el punto ciego clásico: cerrar filas antes de aclarar.
Por otro lado, la presidenta elogió a Mark Carney en Davos y citó su crítica al “orden internacional basado en reglas”. Es una señal interesante: México escucha el diagnóstico de que la integración económica se usa como arma. Y, justamente por eso, la foto de Toluca dolió tanto.
Finalmente, se anunció el Megabachetón 2026 para repavimentar carreteras en todo el país. Es política pública útil, sí, pero también narrativa: obras visibles para sostener gobernabilidad. El reto será que el programa no se quede en mapa y se convierta en asfalto, a tiempo y sin sobrecostos.
Nota Editorial Principal del día: Sheinbaum intenta proyectar control hacia afuera y orden hacia adentro. Pero si la soberanía funciona como escudo para evitar preguntas —sobre vuelos, narcos o datos médicos—, el costo será la credibilidad. Y, sin credibilidad, no hay narrativa que despegue.

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