En la Mañanera de hoy, Claudia Sheinbaum quiso ponerle candado a una palabra que prende alarmas: intervención. Contó que habló con Donald Trump y que, en una llamada “breve” de unos 15 minutos, él “entendió” que no era necesaria una incursión de Estados Unidos.
Conferencia del Pueblo | Claudia Sheinbaum
Análisis
Política Gurú
En la Mañanera de hoy, Claudia Sheinbaum quiso ponerle candado a una palabra que prende alarmas: intervención. Contó que habló con Donald Trump y que, en una llamada “breve” de unos 15 minutos, él “entendió” que no era necesaria una incursión de Estados Unidos.
El contexto no es menor. Sheinbaum admite que buscó la llamada después de que Trump repitió tres veces que podría “intervenir” por tierra contra los cárteles. Así que el mensaje central fue directo: México no acepta tropas ajenas y defiende su soberanía.
Sin embargo, la propia narrativa oficial deja una rendija. Sheinbaum dijo que “queda descartada” una intervención, pero subrayó coordinación y cooperación. Además, anunció un nuevo encuentro del comité bilateral entre el 22 y 23 de enero, en Estados Unidos.
Traducido: No habrá botas extranjeras cruzando la frontera, pero sí mesa técnica y presión constante. La línea entre “ayuda” e “injerencia” no la marca un discurso; la marcan acuerdos, operativos y el grado de dependencia que se acepte en nombre de la seguridad.
Por eso, la pregunta incómoda no es si Trump “entendió”, sino qué pidió a cambio. Sheinbaum sostuvo que él ofreció ayuda y que México la rechazó. Aun así, habló de seguir “trabajando en conjunto” justo cuando Washington vuelve a poner el tema en el centro.

Además, la presidenta construyó un enemigo doméstico. Afirmó que la oposición quiere una intervención estadounidense porque “no tiene apoyo popular” y busca dañar la imagen del gobierno en EU. Es una acusación explosiva y, a la vez, un atajo para mover el foco.
Porque, si todo se reduce a “patriotas vs. traidores”, se evita discutir lo difícil: por qué los cárteles siguen siendo munición electoral en Estados Unidos y por qué México no cierra el flanco. La soberanía se defiende con resultados e instituciones, no solo con frases redondas.
En paralelo, Sheinbaum soltó otra señal: la reforma electoral no está lista. Dijo que este lunes verá a Ricardo Monreal y a Adán Augusto López para hablar de “los tiempos” de aprobación. Con eso, frenó el calendario que ya se venía empujando desde el Congreso.
Y aquí aparece la otra cara del poder. Mientras hacia fuera se vende firmeza, hacia dentro se administra el ritmo político. Si la iniciativa aún “no está lista”, ¿por qué había prisa? La respuesta está en la aritmética rumbo a 2027 y en quién quiere controlar la cancha.
Lo revelador es el contraste: se invoca la Constitución para rechazar intervenciones y, al mismo tiempo, se cocina una reforma que puede rediseñar reglas del juego. Ese doble mensaje no es casual. Primero se llama a la unidad nacional; luego se pide margen para mover piezas en casa.
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Por si fuera poco, Sheinbaum contó que Trump le preguntó la posición de México sobre Venezuela. Ella respondió con la doctrina de no intervención y dijo que él quedó conforme. Sin embargo, el tema salió porque Washington arma su agenda regional y México está dentro del mapa.
Sobre Cuba, dijo que no se habló, aunque no descartó tocarlo después. Y ahí hay subtexto: cuando EU presiona, cada asunto se vuelve ficha de negociación. Hoy fue “seguridad”; mañana puede ser migración, energía o sanciones. Por eso, el margen real se mide en hechos.
En medio de todo, la presidenta abanderó a la delegación rumbo a los Juegos Olímpicos de Invierno 2026, con Donovan Carrillo como figura. Es el momento amable que baja la temperatura, aunque también sirve como pausa narrativa tras un choque geopolítico de alto voltaje.
Al final, la Mañanera dejó una prueba pendiente. Si la intervención “ya quedó descartada”, la coordinación del 22 y 23 de enero tendrá que demostrar que México coopera sin ceder mando. De lo contrario, el fantasma regresará cada vez que Washington quiera apretar.
Y, mientras tanto, Trump seguirá usando a México como bandera de campaña. Por eso, el gobierno no puede vivir del relato: necesita bajar violencia y golpear finanzas criminales, rápido.

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