Mientras las cifras oficiales presumen una baja histórica en homicidios, el 2025 reveló una realidad paralela: la implosión del Cártel de Sinaloa, el uso de drones bomba y una “paz selectiva” que deja a los municipios a merced de la extorsión. ¿Es sostenible la nueva estrategia
Editorial | Anuario 2025 Seguridad
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El 2025 pasará a los libros de historia no como un año de transición, sino como el año de la “gran reconfiguración”. Tras el primer ciclo completo de Claudia Sheinbaum en la presidencia, México ha despertado de la letanía de los “abrazos” para entrar en una fase de inteligencia quirúrgica y confrontación selectiva.
No nos engañemos: el país ha cambiado. Las cifras macroeconómicas de la violencia sugieren un alivio, pero la realidad a ras de suelo —en los limonares de Michoacán o las calles de Culiacán— narra una historia diferente. Estamos viviendo una «paz selectiva»: hay menos ruido en las estadísticas, pero más furia en los territorios olvidados.
La doctrina Harfuch: Eficiencia fría
La noticia central del año fue la consolidación de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC) como el verdadero cerebro del Estado. Bajo el mando de Omar García Harfuch, elevado a la categoría de “Supersecretario”, la seguridad dejó de ser un tema de fuerza bruta para convertirse en uno de inteligencia civil.
Los resultados presentados ante el Senado son, en papel, irreprochables. Una disminución del 25.3 % en homicidios dolosos significa que, en promedio, 27 mexicanos menos mueren al día comparado con el cierre de 2024.
Además, otros delitos de alto impacto se desplomaron: el secuestro bajó un 69 %, el robo de vehículo con violencia un 49 % y los feminicidios un 28 %. Con 9,808 detenidos de alto perfil y el decomiso de 560 kilogramos de fentanilo, el mensaje es claro: el Estado ya no persigue a todos, pero a quien persigue, lo neutraliza.
Sin embargo, esta eficiencia técnica esconde un riesgo: la centralización del éxito. Mientras la Federación celebra, los municipios arden.
Sinaloa: La guerra que cambió el mapa
Si el gobierno puso orden, el crimen puso el caos. El Cártel de Sinaloa, esa hidra de dos cabezas que parecía intocable, implosionó. La supuesta entrega o secuestro de Ismael “El Mayo” Zambada en julio detonó la mayor guerra interna del narco en tres décadas.
La fractura entre “La Mayiza” y “Los Chapitos” transformó el noroeste en un teatro de operaciones bélicas. Las cifras aquí no mienten: Sinaloa cerró el año con una tasa de 54 homicidios por cada 100,000 habitantes, un incremento brutal del 67.2 %.
Culiacán vivió semanas de toques de queda de facto. La caída de lugartenientes como “El Panu” y “El Perris” debilitó la estructura operativa de los Guzmán, pero el costo social fue incalculable. Aquí, la estrategia federal fue de contención: dejar que las facciones se desgastaran mutuamente, una táctica de “laissez-faire” criminal que evitó un baño de sangre mayor, pero dejó a la población civil atrapada en el fuego cruzado.
El veredicto de Washington: ¿Soberanía o pragmatismo?
En el tablero geopolítico, 2025 fue el año en que la seguridad interior de México se decidió en Washington. La presión de la administración estadounidense y el retorno de la retórica agresiva republicana obligaron a Palacio Nacional a ceder.

En febrero, Estados Unidos designó oficialmente a seis cárteles mexicanos como Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO):
- Cártel de Sinaloa.
- Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
- Cártel del Noreste.
- Cártel del Golfo.
- Cárteles Unidos.
- La Nueva Familia Michoacana.
La presidenta Sheinbaum respondió con un discurso de dignidad: “Colaboración sí, subordinación no”. No obstante, la realpolitik se impuso. Para evitar sanciones económicas, México activó la “válvula de escape”: extradiciones masivas. En dos grandes oleadas, 55 criminales de alto perfil fueron entregados. La soberanía se defendió en el micrófono, pero se negoció en los juzgados.
La tragedia municipal: El caso Manzo
El eslabón más débil de la cadena sigue siendo el municipio. La violencia política alcanzó su clímax el 1 de noviembre con el magnicidio de Carlos Manzo, alcalde independiente de Uruapan.
Manzo, conocido como “El del Sombrero”, no era un político más. Era un disidente que rompió con los partidos y desafió a los criminales. A pesar de contar con 14 escoltas de la Guardia Nacional, fue asesinado en pleno centro histórico.
Su muerte, sumada a las ejecuciones de los alcaldes de Cotija, San Mateo Piñas y Tacámbaro, envía un mensaje escalofriante: en el México local, el crimen tiene poder de veto. Si no pactas, mueres. La democracia municipal está secuestrada.
El impuesto criminal en tu mesa
La violencia también se siente en el bolsillo. En 2025, la extorsión se consolidó como un componente estructural de la inflación. El asesinato de Bernardo Bravo Manríquez, líder limonero en Michoacán, a manos de Los Viagras, expuso cómo el crimen controla la cadena de suministro.
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El precio del limón y el aguacate ya no depende de la oferta y la demanda, sino de la cuota que imponen los cárteles. Aunque el gobierno lanzó una estrategia nacional y detuvo a 972 extorsionadores, la “cifra negra” supera el 90 %. Para el productor, pagar piso sigue siendo más seguro que confiar en el 089.
Huachicol Fiscal: La mafia de cuello blanco
Mientras el pueblo sufre la extorsión, la élite se enriquece con el «Huachicol Fiscal». Investigaciones periodísticas destaparon en 2025 una red masiva de contrabando de hidrocarburos, donde gasolinas eran declaradas falsamente como “aceites” para evadir el IEPS.
El escándalo salpicó alto. Nombres de la socialité empresarial, como el de Raúl Rocha Cantú (según reportes de inteligencia filtrados), aparecieron vinculados a estas tramas. El caso se tornó siniestro con la muerte del capitán Adrián Omar del Ángel Zúñiga en el puerto de Manzanillo, un “accidente” demasiado oportuno que silenció a un testigo clave de la corrupción aduanera.
Terrorismo Táctico: El futuro ya está aquí
Finalmente, el 2025 nos mostró la cara más moderna del horror: la asimetría tecnológica. Los cárteles ya no solo usan AK-47; usan coches bomba y drones.
El ataque con explosivos en Coahuayana, que dejó seis muertos, y el bombardeo con drones a la Fiscalía de Tijuana demostraron que los grupos criminales han adoptado tácticas de insurgencia. Ante la superioridad de inteligencia del Estado, el narco responde con terrorismo urbano, buscando pánico y distracción.
Por si fuera poco, el año cerró con luto institucional. El accidente del avión de la Armada en Galveston, donde murieron seis personas en una misión humanitaria, reabrió el debate sobre el desgaste de nuestras Fuerzas Armadas. ¿Podemos pedirle al Ejército que construya trenes, cuide aduanas y traslade enfermos sin que el equipo y el personal colapsen?
Conclusión: Rumbo al 2026
Al cerrar este anuario, México es una nación de contrastes violentos. La estrategia Harfuch ha logrado contener la hemorragia visible, pero las heridas internas —desaparecidos, extorsión y control territorial— siguen abiertas.
El hallazgo de los campos de exterminio en Rancho Izaguirre, Jalisco, nos recuerda que bajo la tierra aún hay miles buscando regresar a casa.
De cara al Mundial de 2026, la seguridad dejará de ser una urgencia humana para convertirse en un imperativo económico. La “Pax Narca” ha muerto. La pregunta es si la “pax estatal”, basada en la ley y la inteligencia, llegará a tiempo para sustituirla, o si seguiremos viviendo en este limbo donde las cifras bajan, pero el miedo persiste.

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