Sergio Carmona Angulo, el financista de Morena, fue ejecutado tras ser contactado por la DEA. Hoy, su fantasma regresa para señalar a los altos mandos de la 4T en un escándalo de corrupción y sangre.
Editorial | Corrupción
Análisis
Política Gurú
Como el espectro del Rey Hamlet, el recuerdo de Sergio Carmona Angulo regresa para atormentar a sus antiguos aliados. El libro “Ni Venganza ni Perdón”, de Julio Scherer y Jorge Fernández Meléndez, ha reabierto una herida que el gobierno intentó cauterizar con el olvido. En consecuencia, la pregunta sobre quién ordenó su ejecución vuelve al centro del debate nacional.
Ciertamente, Carmona no era un empresario común, sino el presunto Rey del Huachicol. Su ascenso fue meteórico, pasando de ser un constructor mediano a un poderoso operador financiero de Morena. Sin embargo, su verdadera influencia radicaba en su capacidad para inyectar recursos ilícitos en campañas electorales clave del partido oficialista.
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Efectivamente, su ejecución en una barbería de San Pedro Garza García fue de precisión militar. Por otro lado, resulta sospechoso que en el municipio más vigilado del país no existan registros en video del ataque. Además, el nombre de Carmona gravita sobre el monumental fraude del huachicol fiscal, operado bajo la supuesta protección de figuras como Jesús Ramírez Cuevas.
De igual importancia, el interés de las agencias estadounidenses parece haber sido el detonante de su final. El FBI y la DEA lo tenían en el radar y buscaban convertirlo en testigo colaborador. Por lo tanto, el riesgo de que Carmona revelara los vínculos entre el financiamiento político y el crimen organizado lo sentenció a muerte.
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Mientras tanto, la soberbia parece ser el sello de otros funcionarios actuales. El reciente desalojo policiaco de Marx Arriaga en la SEP ejemplifica esta actitud de “intocables”. De hecho, la resistencia de Arriaga a dejar su cargo, ignorando la autoridad de Mario Delgado, refleja una fractura interna donde los “leales” se sienten dueños de las instituciones.
Por si fuera poco, en el Senado ya preparan una comparecencia para Ramírez Cuevas por el destino de 27 mil millones de pesos. En resumen, el caso Carmona es solo la punta del iceberg de una red de complicidad que el libro de Scherer comienza a desmoronar. Finalmente, el ciudadano común paga el precio de una política financiada por la sombra del huachicol.
Esta editorial está basada en la columna de opinión de Salvador García Soto en su columna Serpientes y Escaleras; publicada en El Universal.

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