En Palacio Nacional encendieron alertas: los lujos en Morena no tumban el voto duro, pero sí frenan el crecimiento en Norte y Bajío rumbo a 2027.
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En Palacio Nacional ya no preocupa la oposición: preocupa el espejo. Porque, mientras la 4T vende “austeridad” y “justa medianía”, varios cuadros de Morena se exhiben con lujos que gritan lo contrario. Y cuando el mensaje se rompe, primero se rompe la credibilidad.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo dijo en gira: “Aquí no hay guaruras ni castillos de cristal”. Sin embargo, ese discurso llega tarde cuando la conversación pública ya está incendiada. Además, el problema no es un collar o un boleto; el problema es la señal.
En el radar aparecen episodios que, aunque cada uno tenga matices, se vuelven un paquete tóxico: una detención con 800 mil pesos en efectivo, un collar de casi 200 mil y un vuelo en primera clase desde Roma. Por eso, la suma pesa más que la explicación individual.

Ahora bien, en Palacio creen que el “voto duro” aguanta: hablan de alrededor de siete millones fieles. Aun así, la elección no se gana solo con la base; se gana con el “ni de aquí ni de allá”, ese ciudadano que compara, duda y castiga con la boleta.
Y justo ahí está el riesgo: el Norte y el Bajío. Son regiones donde el morenismo no termina de cuajar, y donde el votante suele premiar eficiencia, orden y resultados. Entonces, cuando ve ostentación, la lectura es inmediata: “Si gastan así, también gobiernan así”.
Además, el contraste se siente en la calle. Mientras la gente ajusta el súper, estira la quincena y paga intereses, se vuelve insoportable ver a políticos en hoteles, tiendas y viajes de élite. En consecuencia, no solo crece el enojo: crece el cinismo y cae la disposición a creer promesas.
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También hay un efecto interno: disciplina. Porque, si la dirigencia tolera el exhibicionismo, manda el mensaje de que la “austeridad” era solo para campaña. Luego, la estructura se relaja, los cuadros se sienten intocables y la narrativa se vuelve meme: “Pobres primero… pero ellos primero en la fila VIP”.
Por si fuera poco, la oposición no necesita inventar nada: solo necesita compartir fotos, recibos y anécdotas. Mientras tanto, cada defensa torpe en redes multiplica el daño, porque suena a excusa. Y cuando la política se vuelve percepción, el dato importa menos que el sentimiento.
El punto crítico no es moralista, es electoral y de gobierno. Si Morena pierde terreno en Nuevo León, Querétaro o Aguascalientes, el mapa se complica rumbo a 2027. Además, gobernar con desgaste obliga a gastar capital político en apagar incendios, no en resolver seguridad, empleo y servicios.
Por eso, el jalón de orejas de Sheinbaum no puede quedarse en frase bonita: requiere consecuencias, reglas y castigos claros. De lo contrario, la “justa medianía” seguirá como eslogan, y el ciudadano común hará su propio ajuste: menos paciencia, menos confianza y, llegado el día, menos votos.

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