El video que exhibe al Poder Judicial: ¿austeridad o privilegio en la Corte?

Presidente de la Suprema Corte zapatos

Un video en Querétaro mostró al presidente de la Suprema Corte con colaboradores limpiándole los zapatos antes del acto por la Constitución. La escena detonó una pregunta incómoda: ¿austeridad real o privilegio normalizado?

Editorial | Política

Análisis

Política Gurú

En Querétaro, a unos metros del Teatro de la República, un video bastó para incendiar la conversación pública: dos colaboradores arrodillados limpiando el calzado del presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar Ortiz, minutos antes del acto por el aniversario de la Constitución de 1917.

A primera vista, algunos lo quisieron reducir a “detalle” o “incidente”. Sin embargo, la política moderna se mueve por símbolos. Y, en ese terreno, la escena no es menor: retrata jerarquías, hábitos y tolerancias dentro del Poder Judicial justo cuando el país discute su legitimidad.

Además, el contexto vuelve el cuadro más pesado. Ese evento reúne a los tres poderes y funciona como ritual de Estado. Por eso, la imagen del máximo juez aceptando un gesto servil —en público, sin freno inmediato visible— se lee como desprecio por la investidura, aunque él no haya pronunciado una palabra.

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Luego vino la explicación: se habló de una mancha por un café derramado y de un intento de resolverlo ahí mismo. Aun así, el debate real no es “qué cayó”, sino qué se permitió. Porque, si la narrativa es austeridad y cercanía con “el pueblo”, la coherencia se mide en microgestos.

Ahora bien, el ciudadano común no está obsesionado con el protocolo; está obsesionado con el abuso. Cuando ve a un alto funcionario recibiendo trato de monarca, conecta puntos: “Si esto pasa frente a cámaras, ¿qué pasa en privado?”. En consecuencia, la confianza institucional se erosiona otro centímetro.

Y esa erosión sí cuesta. Cuesta en juicios donde la gente busca justicia laboral, pensiones, custodias o amparos; cuesta cuando una víctima cree que el sistema no la escucha; y cuesta cuando un pequeño empresario concluye que el tribunal es club de élites. Entonces, la justicia deja de percibirse como servicio y se siente como privilegio.

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Mientras tanto, el episodio cae en un momento de fricción política: reformas, polarización y una discusión constante sobre la independencia judicial. Por eso, la escena no se interpreta aislada: se coloca dentro del relato de “captura”, “obediencia” o “simulación”, según el lente de cada quien.

Sin embargo, también conviene ser precisos: un video no prueba corrupción, ni compra de sentencias, ni delitos. Lo que sí prueba —y eso es grave— es una cultura de corte palaciego que no debería existir en un poder que exige respeto a la ley y a la dignidad. Porque el Poder Judicial no puede pedir autoridad moral con imágenes que la contradicen.

Finalmente, la pregunta práctica es simple: ¿qué señales corregirá la Corte después de este golpe? No basta con explicar el café. Hace falta mostrar, con hechos, que ahí nadie está para servir “al jefe”, sino para servir a la República.

Crédito: Esta editorial está basada en las columnas de Mario Marín y Joaquín López-Dóriga en su sección de Opinión, publicadas en Milenio.

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