Una llamada de 40 minutos con Trump no es cortesía: es negociación. Y en esa mesa se deciden comercio, seguridad y el costo real de la incertidumbre.

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En la Fórmula 1 no hay “charlas cordiales”: hay telemetría, presión y un cronómetro que te desnuda. Por eso, una llamada de 40 minutos entre Donald Trump y Claudia Sheinbaum no suena a cortesía… suena a negociación de alto riesgo.
De entrada, Trump salió con elogio incluido: “líder inteligente y maravillosa”. Sin embargo, cuando Trump endulza, casi siempre está cobrando. Además, él mismo puso el foco en frontera, drogas y comercio: el triángulo donde se decide cuánto cuesta vivir, producir y exportar.
Sheinbaum, en cambio, lo resumió como conversación “muy cordial” sobre seguridad y comercio bilateral, sin más detalle. Y ahí está el problema: cuando el gobierno habla en modo “todo va bien”, el ciudadano común escucha “viene un ajuste”, pero no sabe de qué tamaño.

Mientras tanto, en casa se acumulan banderas amarillas. Por ejemplo, el atentado contra legisladores de Movimiento Ciudadano en Sinaloa empuja a la oposición a exigir respuestas y, de paso, a señalar al gobernador Rubén Rocha Moya. Al mismo tiempo, la violencia vuelve a ser el ruido de fondo que espanta inversión, encarece seguros y normaliza el miedo cotidiano.
Y si hablamos de credibilidad, el discurso de austeridad también patina. Tras el escándalo de camionetas, aparece otro dato: contratos por hasta 331 millones de pesos para alimentación del “nuevo” Poder Judicial en 2026. Por eso, la gente no solo se indigna: concluye que el sacrificio siempre se pide abajo y el gasto se permite arriba.
En paralelo, Morena y aliados anuncian unidad rumbo a 2027, pero dejan en el aire la reforma electoral y la discusión de plurinominales. Sin embargo, esa incertidumbre sí pega en el bolsillo: cuando no hay reglas claras, el mercado se vuelve cauteloso y el empleo se vuelve frágil.
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Hasta el “logro” turístico del Tren Maya en Europa revela el mismo patrón: mucha narrativa, poca ejecución. Y en política, como en F1, la diferencia entre podio y choque es simple: consistencia.
Si la llamada con Trump fue un Pit stop largo, no fue por amabilidad. Fue porque vienen curvas: T-MEC, seguridad y aranceles potenciales. Y si el gobierno no explica el plan, el ciudadano termina pagando la factura… sin saber ni por qué ni cuánto falta para la meta.

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