Los movimientos en el gabinete de Claudia Sheinbaum ya se leen como una pulseada entre Palacio Nacional y Estados Unidos por el futuro de Omar García Harfuch y la estrategia de seguridad en pleno “michoacanazo”.
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El posible reacomodo del gabinete de Claudia Sheinbaum volvió a encender las especulaciones en Palacio Nacional y en Washington.
Tras el asesinato del alcalde Carlos Manzo en Michoacán, la presión política y social creció, y el Gobierno busca mandar señales de control.
En ese contexto, la permanencia de Rosa Icela Rodríguez en Segob se ve más frágil, aunque siga defendiendo la estrategia de seguridad.
Desde hace meses, suena el nombre de Alfonso Durazo, quien reforzó su cabildeo para llegar a Gobernación y ordenar las tribus de Morena.
Sin embargo, en los últimos días tomó fuerza otra carta: Omar García Harfuch, figura clave de la Seguridad federal y rostro del Plan Michoacán.

Para muchos dentro de la 4T, mover a Harfuch a Segob sería el paso natural si la presidenta quiere proyectarlo rumbo a 2027 y 2030.
Además, desde Gobernación podría operar alianzas con gobernadores, contener protestas y negociar reformas, algo mucho más complicado desde una oficina enfocada en operativos.
El problema es que Estados Unidos no está convencido. Las agencias de seguridad presionan para que Harfuch permanezca en Seguridad por lo menos hasta 2027.
Argumentan que los resultados contra los cárteles y el tráfico de fentanilo se asientan y requieren continuidad, no cambios a mitad del sexenio.
Mientras tanto, el círculo de Harfuch ya perfila posibles relevos: Israel Benítez, el “Jefe Máximo” en Pemex Logística; Héctor Elizalde y Omar Reyes Colmenares.
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Además, el contexto de Michoacán, las marchas de jóvenes y la desconfianza ciudadana vuelven más delicado cualquier movimiento brusco en el equipo de seguridad.
No obstante, en Washington ven con recelo a esa terna y prefieren que el esquema se mantenga sin sobresaltos ni apuestas experimentales.
Para Sheinbaum, el dilema es claro: escuchar a su aliado más eficiente en seguridad o ceder a la presión de su principal socio internacional.
Además, cualquier movimiento será leído por la oposición como respuesta al “michoacanazo”, no como una decisión estratégica de Estado.
Por ahora, el tablero se mueve en silencio, pero el mensaje es evidente.
La verdadera batalla no es solo por un cargo, sino por el rumbo completo del sexenio.

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