En 2026, Morena podría ajustar piezas clave: salida de Andy de Organización, probable relevo de Adán Augusto en el Senado y un nuevo plan para Pemex. El mensaje de fondo: Sheinbaum busca control total.
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El inicio de 2026 no llegará con villancicos, sino con movimiento interno en Morena. Si las versiones se confirman, veremos salidas calculadas, regresos “a tierra” y relevo de operadores. Y, sobre todo, una señal: Claudia Sheinbaumquiere mando propio.
La presión viene de atrás. En la jornada municipal del 1 de junio de 2025 en Durango y Veracruz, el oficialismo cantó victorias y la oposición presumió frenos. Sin embargo, el golpe real fue la narrativa: el partido empezó a verse vulnerable.
Por eso aparece el primer ajuste: Andrés Manuel López Beltrán dejaría la Secretaría de Organización. No sería solo “decisión personal”; también pesa el costo político de un operador joven cargando polémicas mediáticas. Además, en un partido que predica austeridad, la imagen importa.
El plan, según se comenta, es volver a Tabasco y reconstruir carrera desde lo local: un curul estatal, territorio y estructura. Suena pragmático; aunque, al mismo tiempo, alimenta la lectura de dinastía política y reabre el debate sobre mérito.

Mientras tanto, el segundo movimiento sería más contundente: Adán Augusto López dejaría la coordinación de Morenaen el Senado y apuntaría al servicio exterior, con destino europeo. Así, se baja el ruido y se abre espacio para una operación legislativa más alineada.
Aquí entra la clave: la reforma electoral. Sheinbaum necesita a alguien que negocie con menos desgaste y más disciplina. Por ello, nombres como Ignacio Mier suenan para el cabildeo, mientras el Senado reacomoda jerarquías y vocerías.
Aun así, la Presidenta ha insistido en que no busca “dinamitar” al INE. Sin embargo, sí quiere recortar costos y ajustar reglas. El calendario sigue en disputa, y esa incertidumbre también se traduce en tensión para partidos y autoridades.
El tercer tablero es económico y pega directo al ciudadano: Pemex. Con deuda, presión de caja y necesidad de inversión, cualquier cambio de timón se siente en presupuesto, en el costo del dinero y, tarde o temprano, en servicios públicos.
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Por eso se menciona a Lázaro Cárdenas Batel como posible aterrizaje en la petrolera, alineado con un control más férreo desde Energía y Hacienda. Si esa pinza se cierra, habrá menos margen para improvisar y más obligación de resultados.
En conjunto, el mensaje es claro: Sheinbaum centraliza y ordena. Sin embargo, el costo interno puede ser alto, porque desplazar figuras implica resentimientos y facturas pendientes. Además, cada reacomodo confirma que la “unidad” de la 4T se administra.
Al final, esto no es chisme de élites. Cuando el partido gobernante reacomoda su maquinaria, cambian prioridades: qué reformas avanzan, qué presupuestos se aprietan y qué crisis se atienden primero. 2026 arrancará con piezas moviéndose; falta ver para quién.

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