La polémica vuelve a encenderse en torno a la familia del expresidente. Gerardo Fernández Noroña, fiel escudero de la Cuarta Transformación, ha salido al paso para blindar a José Ramón López Beltrán tras ser captado de compras en Houston.
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La polémica vuelve a encenderse en torno a la familia del expresidente. Gerardo Fernández Noroña, fiel escudero de la Cuarta Transformación, ha salido al paso para blindar a José Ramón López Beltrán. Esto ocurre tras la difusión de imágenes del hijo mayor de AMLO realizando compras navideñas en una tienda de lujo en Houston, Texas.
En primer lugar, el argumento del senador es legalmente impecable, pero políticamente inflamable. Noroña sostiene que López Beltrán es un ciudadano particular sin cargos públicos en los últimos siete años. Por lo tanto, insiste en que no tiene obligación alguna de rendir cuentas sobre sus finanzas.

Sin embargo, aquí es donde la narrativa choca con la realidad percibida por el ciudadano de a pie. La «austeridad republicana», bandera principal del obradorismo, se vendió no solo como una regla administrativa, sino como una ética de vida. Al respecto, Noroña precisó tajantemente: «La austeridad republicana se aplica a las políticas públicas, no al comportamiento privado».
Esta distinción técnica, aunque válida, resulta difícil de digerir para una base electoral a la que se le ha predicado que el lujo es pecado y la aspiración, sospechosa. De hecho, el legislador calificó a José Ramón como un «buen hombre» y atribuyó las críticas al rechazo visceral hacia su padre.
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Por otro lado, el discurso escaló hacia el reto directo. Noroña, con su característico estilo confrontativo, lanzó un desafío a la oposición: «Que hagan una lista, de una buena vez, de a qué lugares podemos ir». En consecuencia, se abre el debate sobre si la familia de un líder político, que construyó su carrera criticando los excesos de las élites, tiene derecho moral al mismo consumo que antes condenaban.
Finalmente, el problema no es que un ciudadano compre en Houston. El conflicto radica en la incongruencia discursiva. Mientras el gobierno pide al pueblo conformarse con lo básico, la élite política y sus familias disfrutan de las mieles del capitalismo global. En resumen, Noroña defiende el derecho al consumo, pero olvida que en política, la forma es fondo.

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