¿Pacto o Silencio? El libro de Scherer que Sheinbaum prefiere ignorar

Corrupción en México

La negativa de Claudia Sheinbaum a leer las revelaciones de Julio Scherer marca un hito de cinismo político: cuando la corrupción se vuelve paisaje, la verdad se convierte en ruido.

Editorial | Política

Análisis

Política Gurú

La escena parece sacada de un thriller político de alto calibre. Una presidenta que decide no abrir un libro incómodo antes de descalificarlo. Claudia Sheinbaum asegura que en México impera la libertad de expresión, pero su rechazo es un gesto de poder puro. En efecto, ignorar el contenido es una forma sutil de desactivar el debate público.

Sin embargo, la obra de Julio Scherer, “Sin Venganza ni Perdón», destapa cloacas que ya no podemos ignorar. El texto describe cómo el crimen organizado y la política conviven en los pasillos de Palacio Nacional. Por lo tanto, ya no hablamos de enemigos irreconciliables, sino de socios por omisión o silencio selectivo.

Además, el caso de Ismael “El Mayo” Zambada y el gobernador Rubén Rocha Moya es el ejemplo perfecto de esta porosidad. La fiscalía actuó con pinzas, protegiendo al poder sinaloense a pesar de las evidencias de traición y muerte. En consecuencia, el ciudadano común observa cómo la justicia se vuelve una herramienta de selectividad quirúrgica.

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Por otro lado, el libro no solo lanza acusaciones; también exhibe la textura moral de un sistema agotado. En este sentido, la corrupción ha dejado de ser un escándalo para volverse parte del paisaje cotidiano. Asimismo, la impunidad galopa frente a los ojos de una sociedad que parece anestesiada por la conversación polarizada.

No obstante, Scherer no es precisamente un observador ajeno o una blanca paloma. Él mismo fungió como el arquitecto de la demolición democrática desde la Consejería Jurídica. Por consiguiente, sus denuncias sobre la “mesa de judicialización” para perseguir opositores lo convierten, técnicamente, en un delincuente confeso. En realidad, él ayudó a construir el edificio que hoy critica.

Por lo tanto, la respuesta de la presidenta es sintomática de una “nueva normalidad”. No leer el libro no es censura, es algo mucho más peligroso: es convertir la crítica en simple ruido ambiental. De esta manera, el poder ya no se siente obligado a confrontar los señalamientos de corrupción sistémica.

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Para el ciudadano, este clima de cinismo significa que sus denuncias y su seguridad valen menos que un calendario electoral. Finalmente, la legitimidad del Estado se erosiona cuando las fronteras entre el bien y el mal se borran por decreto. Si bien Scherer cobra facturas personales, el país sigue atrapado en una lógica de desprecio por la verdad. En resumen, nos estamos quedando sin perdón y, lo que es peor, sin memoria.

Esta editorial está basada en la columna de opinión de Raymundo Riva Palacio, publicada en LPO México.

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