La reunión de Zoé Robledo con las familias abrió un canal de diálogo, pero el fondo sigue pendiente: conocer qué ocurrió en el Hospital General de Zona No. 1 de Durango, determinar responsabilidades y garantizar que las fallas identificadas no vuelvan a repetirse.
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Hay momentos en que una institución deja de medirse por sus discursos y empieza a medirse por su capacidad para responder ante el dolor. La muerte de cinco recién nacidos en el Hospital General de Zona No. 1 del IMSS en Durango coloca al Instituto ante esa prueba.
Los decesos ocurrieron entre el 15 y el 19 de septiembre en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales. El IMSS abrió una investigación clínica y epidemiológica; además, detectó una bacteria en cuatro de los cinco bebés, aunque no ha establecido que ese microorganismo haya causado las muertes.
Ese matiz importa. Encontrar una bacteria no equivale a explicar cinco fallecimientos. Sin una conclusión técnica sustentada, cerrar la discusión sería irresponsable. La investigación debe determinar causas, protocolos aplicados, eventuales omisiones y, en su caso, responsabilidades concretas.
En ese contexto, Zoé Robledo se reunió el 25 de septiembre con cuatro de las cinco familias. El abogado que las representa confirmó que el director general del IMSS pidió perdón y escuchó sus cuestionamientos. La reunión abrió un canal directo.
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El gesto sólo puede ser un punto de partida. La empatía no reemplaza la rendición de cuentas. Una disculpa puede reparar parcialmente el trato; no puede sustituir expedientes completos, resultados de laboratorio, revisión de procedimientos ni las conclusiones de las autoridades investigadoras.
Además, los relatos recogidos por Claudio Ochoa Huerta exhiben otro problema: el trato recibido por las familias antes de la llegada del director general. Los testimonios describen respuestas insensibles y explicaciones que los padres consideraron insuficientes. Esas versiones deben investigarse, no convertirse automáticamente en hechos probados.
El IMSS sostiene que su modelo de atención materna debe privilegiar el trato digno y la seguridad. Por eso, Durango también obliga a revisar la distancia entre los protocolos institucionales y la experiencia concreta del derechohabiente.
Mientras tanto, la investigación trascendió el ámbito interno. El Instituto informó que colabora con la Fiscalía General de la República y con autoridades sanitarias, incluida Cofepris. Esa intervención resulta relevante porque una tragedia de esta naturaleza requiere evidencia verificable y una reconstrucción independiente.
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Hay, además, una razón para exigir controles rigurosos. En Mexicali, el IMSS reconoció el 26 de septiembre que dos recién nacidas fueron entregadas a familias equivocadas en el Hospital de Gineco Pediatría No. 31. Son hechos distintos, pero ambos involucran procesos hospitalarios sensibles.
No sería serio convertir dos episodios en una sentencia sobre toda una institución. Sin embargo, tampoco sería responsable tratarlos como errores aislados antes de saber qué falló, por qué falló y si existen vulnerabilidades sistémicas que deban corregirse.
La transparencia será la verdadera prueba. Las familias tienen derecho a saber qué ocurrió, qué decisiones clínicas se tomaron, si los protocolos funcionaron y qué cambiará después. También el personal médico merece una investigación que distinga responsabilidades individuales, fallas operativas y condiciones estructurales.
Por eso, el desenlace no debe medirse por una reunión ni por una disculpa. Debe medirse por resultados verificables: verdad clínica, investigación independiente, responsabilidades donde correspondan, reparación conforme a derecho y medidas concretas para reducir el riesgo de repetición.
La reunión de Durango puede haber abierto una puerta. Ahora toca lo más difícil: convertir la escucha en hechos comprobables. En una institución de salud, la confianza no se decreta ni se recupera con palabras. Se reconstruye con verdad, procedimientos seguros y cuentas claras.
Crédito de fuente: Claudio Ochoa Huerta, “La reunión de Zoé con las víctimas del IMSS Durango”, columna Miocardio, El Universal, 27 de septiembre de 2026. La pertenencia de Miocardio a El Universal y la autoría de Ochoa Huerta están documentadas por el propio medio; el texto de este domingo también aparece reproducido por otros medios.

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