Coahuila hizo algo más que darle una victoria al PRI: le quitó a Morena el aura de invencible rumbo a 2027.

Claro y Conciso | Alberto Castelazo Alcalá
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Coahuila hizo algo más que darle una victoria al PRI: le quitó a Morena el aura de invencible. El oficialismo perdió los 16 distritos de mayoría frente a la alianza PRI-UDC y dejó sobre la mesa una señal incómoda para Palacio Nacional: la popularidad de Claudia Sheinbaum no basta para ganar en automático.
Ese dato pesa porque rompe la narrativa del carro completo. Morena todavía domina buena parte del tablero nacional, pero ya no arrastra como en 2024. En varios estados carga con inseguridad, gobiernos cuestionados, pleitos internos y una disputa adelantada por candidaturas que empieza a cobrar factura.
Alejandro “Alito” Moreno intentó aprovechar el momento. Apenas terminó la elección, volvió a vender su propuesta de una gran alianza opositora con PAN y Movimiento Ciudadano. La idea tiene sentido electoral: defender bastiones, pelear estados vulnerables y quitarle a Morena la mayoría constitucional en San Lázaro.
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El problema es el mensajero. Alito genera más sospecha que entusiasmo. Fuera del PRI no convence; dentro del PRI tampoco ordena del todo. Su propuesta puede sonar pragmática, pero nace con un lastre evidente: muchos posibles aliados no quieren aparecer en la foto con él.
PAN y MC ya habían cerrado esa puerta. Jorge Romero no ve condiciones para repetir coaliciones del pasado y Jorge Álvarez Máynez insiste en competir por separado. Coahuila le dio oxígeno al priismo, sí, pero no le regaló una ruta opositora clara.
La lectura más seria está del lado guinda. Morena descubrió que la aprobación presidencial no sustituye operación local, buenos candidatos ni gobiernos eficaces. Cuando un partido depende demasiado de una figura nacional, cualquier desgaste territorial empieza a doler más.
También juega el factor externo. Las investigaciones en Estados Unidos, las cancelaciones de visas y la presión en seguridad ya entraron al ambiente político. Sheinbaum puede responder con el discurso de la soberanía y la injerencia, pero esa bandera no borra expedientes ni resuelve costos internos.
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El PVEM también mira el tablero con calculadora propia. En San Luis Potosí presume fuerza y en otros estados mide hasta dónde puede caminar solo. Cuando los aliados empiezan a probar autonomía, el bloque oficialista deja de verse monolítico.
Morena sigue siendo la fuerza más grande del país. Eso nadie lo discute. Pero Coahuila dejó una advertencia nítida: las hegemonías no revientan de golpe. Primero se fisuran. Y cuando la grieta aparece en elección local, casi siempre anuncia una pelea nacional.

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