La política tiene memoria… y también percepción…

Memoria política de Enrique Peña Nieto

El cumpleaños 60 de Enrique Peña Nieto reactivó una conversación que va más allá de la nostalgia. En #AsídeClaro, David Martínez Staines examina cómo el presente modifica el juicio ciudadano sobre el pasado.

Memoria política de Enrique Peña Nieto

#AsídeClaro | David Martínez Staines

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Política Gurú

La política tiene una característica que incomoda a quienes creen que el poder es eterno: la memoria nunca desaparece. Se transforma. Se reacomoda. Se resignifica. Y, sobre todo, compara.

Las felicitaciones que recibió el expresidente Enrique Peña Nieto con motivo de su cumpleaños número 60 no fueron simplemente una lluvia de mensajes en redes sociales. Se convirtieron en tendencia nacional y abrieron una conversación que hace apenas unos años habría parecido impensable: ¿Está cambiando la forma en que una parte de la ciudadanía lo recuerda?

Durante años, el peñismo fue presentado como el ejemplo de todo lo que México debía dejar atrás. Casos de corrupción, errores políticos, excesos y una comunicación plagada de tropiezos terminaron por construir una narrativa demoledora alrededor de su gobierno. Parecía una sentencia definitiva.

Sin embargo, la política rara vez escribe capítulos finales. La percepción pública es mucho más dinámica que los discursos oficiales. Conforme pasan los años, los ciudadanos dejan de juzgar únicamente un sexenio por sus escándalos y comienzan a compararlo con la realidad que viven en el presente.

Y ahí es donde ocurre el fenómeno más interesante.

Enrique Peña Nieto sigue despertando emociones. Sigue siendo tema de conversación. Sigue generando simpatías y rechazos con una facilidad que muchos políticos en activo envidiarían. No es un personaje olvidado. Al contrario: permanece instalado en el imaginario colectivo.

Eso revela una verdad incómoda para cualquier gobierno: el tiempo suele convertirse en el juez más severo… pero también en el más impredecible.

La nostalgia política no siempre nace de la admiración. Muchas veces surge de la decepción con el presente. Cuando la inseguridad continúa, el crecimiento económico no despega, el sistema de salud enfrenta dificultades y la polarización domina el debate público, una parte de la sociedad inevitablemente vuelve la mirada hacia atrás para preguntarse si realmente estaba peor.

No significa que se olviden los errores. Significa que cambian las prioridades con las que se juzga el pasado.

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La política mexicana está llena de ejemplos de personajes que fueron duramente cuestionados en su momento y que, años después, encontraron una valoración distinta. No porque hubieran cambiado ellos, sino porque cambió el contexto desde el cual eran observados.

Eso parece estar ocurriendo, al menos parcialmente, con Enrique Peña Nieto.

Quienes hoy gobiernan construyeron buena parte de su legitimidad señalando los defectos del pasado. Pero esa estrategia tiene una fecha de caducidad. Llega un momento en que los ciudadanos dejan de comparar promesas contra gobiernos anteriores y comienzan a comparar resultados contra expectativas.

Y cuando esa comparación no favorece al poder en turno, el pasado empieza a adquirir nuevos matices.

Resulta llamativo que, lejos de la vida pública, Peña Nieto conserve una capacidad de generar conversación que muchos liderazgos actuales han perdido. Sin hacer campañas, sin recorrer plazas, sin ofrecer entrevistas frecuentes y sin participar activamente en el debate nacional, sigue ocupando espacios en la agenda pública.

Eso habla de un activo político que no todos poseen: la capacidad de permanecer vigente incluso desde el silencio.

¿Significa eso que un eventual regreso sería sencillo? De ninguna manera.

La memoria colectiva conserva también los pendientes, las investigaciones, los cuestionamientos y las heridas que marcaron su administración. Ningún proceso de revaloración borra automáticamente los claroscuros de un sexenio.

Pero ignorar que existe un cambio en ciertos sectores de la opinión pública sería igualmente un error de análisis.

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En política, la percepción suele preceder a la realidad. Primero cambia la conversación. Después cambian las encuestas. Más tarde cambian las alianzas. Finalmente, cambian los escenarios.

Por eso las felicitaciones por un cumpleaños pueden decir mucho más de lo que aparentan.

No porque anuncien un regreso inmediato. Tampoco porque representen una absolución histórica. Sino porque evidencian que la ciudadanía nunca deja de reevaluar a quienes ocuparon el poder.

La política mexicana ha demostrado una y otra vez que no existen villanos ni héroes permanentes. Existen gobiernos sometidos, una y otra vez, al juicio cambiante de la sociedad.

Si algún día Enrique Peña Nieto decidiera regresar a la arena política, nadie podría garantizar su éxito. Pero tampoco sería prudente minimizar el impacto de una figura que, años después de dejar la Presidencia, sigue provocando conversación nacional.

Sería un error concluir que México ha olvidado la “Casa Blanca”, Ayotzinapa, los escándalos de corrupción o los innumerables tropiezos que marcaron aquel sexenio. La historia no se borra con un puñado de mensajes en redes sociales. Pero también sería ingenuo negar que el juicio ciudadano cambia cuando el presente deja de cumplir las expectativas que prometió.

La política tiene una ley no escrita: ningún gobierno puede vivir indefinidamente de condenar al anterior. Llega un momento en que los ciudadanos dejan de escuchar explicaciones y empiezan a exigir resultados. Es entonces cuando aparece la comparación, el mecanismo más implacable de la democracia.

No se trata de absolver a Peña Nieto. Se trata de observar un fenómeno político que se ha repetido una y otra vez en México: los expresidentes suelen ser juzgados dos veces. La primera, por sus contemporáneos; la segunda, por la inevitable comparación con quienes los suceden.

Porque en política la memoria existe. Pero la percepción, muchas veces, termina escribiendo la última palabra.

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David Martínez Staines
Mis hijos, mi mayor acierto. Porque yo lo valgo. Colaborador de @radio_formula y columnista de @politicaguru

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