La empresa estatal permanece sin explotación comercial ni una ruta financiera claramente definida, mientras una tecnología más barata comienza a transformar el mercado mundial.
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México dejó pasar casi cuatro años sin convertir la nacionalización del litio en extracción, procesamiento o fabricación de baterías. Mientras Litio para México permanece sin producción comercial, China acelera el desarrollo de baterías de sodio, una alternativa económica que gana espacio en el almacenamiento eléctrico y los centros de datos.
El rezago importa porque el mercado tecnológico no esperará a que México resuelva sus dificultades geológicas, presupuestales y regulatorias. Aunque las baterías de litio mantienen una posición dominante en los vehículos eléctricos, el sodio comienza a disputar aplicaciones estacionarias donde el peso y el volumen resultan menos determinantes.
LitioMX fue creado en agosto de 2022 para explorar, explotar y aprovechar el mineral, además de administrar su cadena de valor. Sin embargo, el geólogo Armando Ernesto Alatorre sostiene que el organismo recibió 36 millones de pesos durante sus primeros tres años, destinados a tareas administrativas y no a operaciones extractivas.
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La cifra contrasta con las inversiones necesarias. Según el especialista, construir una fábrica de baterías demandaría cientos de millones de dólares y entre dos y cuatro años. Además, mientras México no produzca litio procesado, tendría que importar insumos desde una cadena industrial ampliamente dominada por China.
Un mineral difícil de aprovechar
El problema tampoco se limita al presupuesto. Eugenio Grandio de la Torre, presidente de la Electromovilidad Asociación, señala que los recursos mexicanos identificados se encuentran principalmente en arcilla, uno de los tipos de yacimiento más complejos y costosos de procesar hasta alcanzar la pureza requerida por la industria.
En ese escenario, nacionalizar el recurso no garantizó tecnología, capital ni capacidad industrial. Los planes oficiales incluyen investigación, extracción, fabricación y reciclaje, pero, según los expertos consultados, carecen de un cronograma detallado, inversiones suficientes y metas comerciales verificables.
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El sodio cambia la competencia
Al mismo tiempo, las baterías de sodio avanzan porque utilizan materiales más abundantes y pueden tener costos de producción inferiores. La Agencia Internacional de Energía calcula que podrían costar hasta un 30 % menos que las baterías de litio-ferrofosfato y anticipa una participación creciente en el almacenamiento estacionario.
No reemplazarán inmediatamente al litio. Su menor densidad energética limita su atractivo para automóviles de gran autonomía. Sin embargo, ofrecen ventajas para parques solares, instalaciones eólicas, redes eléctricas y centros de datos, donde pesan más el costo, la seguridad térmica y la disponibilidad del material.
China ya concentra más del 80 % de la fabricación mundial de baterías y también encabeza la expansión del sodio. Por ello, México corre el riesgo de llegar tarde a dos cadenas industriales: todavía no produce litio comercialmente y tampoco desarrolla una estrategia visible frente a la tecnología que comienza a competirle.
El desafío no consiste únicamente en extraer un mineral nacionalizado. El país necesita definir si su proyecto puede ser técnica y financieramente viable, atraer tecnología y fijar metas medibles. De lo contrario, la promesa del litio quedará como una política de soberanía sin industria que la sostenga.

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