La marcha de Morena en Chihuahua no dejó la imagen de fuerza que buscaba el oficialismo. En cambio, abrió un pleito interno entre Ariadna Montiel y Andrea Chávez por la baja convocatoria.
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La marcha de Morena en Chihuahua dejó una factura política más pesada de lo previsto: lejos de exhibir fuerza territorial, el acto terminó por desnudar la tensión entre Ariadna Montiel y la senadora Andrea Chávez, dos figuras que ya se mueven en carriles distintos dentro del oficialismo.
La movilización del sábado en la capital chihuahuense buscaba presionar a la gobernadora panista Maru Campos y colocar en la agenda la exigencia de juicio político. Sin embargo, el cálculo no salió como se esperaba. La convocatoria quedó por debajo de las expectativas internas y abrió una disputa inmediata por la operación territorial.
El golpe no fue menor. Montiel esperaba una asistencia mucho más amplia para mostrar músculo político en una entidad clave rumbo a 2027. La presencia de Andrés Manuel López Beltrán, secretario de Organización de Morena, elevó todavía más el costo del tropiezo.
Hacia afuera, la dirigencia morenista atribuyó la baja movilización a bloqueos, fallas en el transporte y presunto sabotaje del gobierno estatal. Hacia adentro, la lectura fue otra: alguien no operó, alguien no movió estructura y alguien tendrá que pagar el costo político.
La disputa por la movilización
El señalamiento interno apuntó hacia Andrea Chávez. En el entorno de Montiel se interpreta que la senadora no empujó la convocatoria con la fuerza necesaria, pese a ser una de las cartas más visibles de Morena en Chihuahua.
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Chávez, según las versiones que circularon después del acto, defendió su operación y trasladó parte de la responsabilidad a la dirigencia nacional. Su argumento fue simple: si Morena quería una demostración de fuerza, también debía garantizar presencia de simpatizantes de otras regiones.
La senadora habría insistido en que el partido cuenta con una estructura amplia en el estado. El problema, desde esa lectura, no fue la falta de militancia, sino el diseño político de la convocatoria.
La fractura viene de más atrás. Montiel se ha acercado al alcalde de Ciudad Juárez, Cruz Pérez Cuéllar, mientras Chávez sostiene su propia ruta junto a liderazgos como Juan Carlos Loera. Lo que antes parecía competencia soterrada ya empezó a tomar forma de choque abierto.
El PAN aprovecha el desgaste
La marcha pretendía arrinconar a Maru Campos por los señalamientos relacionados con presunta participación de agentes extranjeros en operativos de seguridad. Morena intentó llevar el caso al terreno de la soberanía nacional y convertirlo en bandera legislativa.
El resultado, por ahora, favoreció al PAN.
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La baja asistencia permitió al panismo cerrar filas con la gobernadora y alimentar un discurso localista contra la intervención política del centro. Empresarios, liderazgos estatales y figuras panistas encontraron una oportunidad para mostrarse cohesionados frente al avance morenista.
La paradoja es evidente: Morena salió a debilitar a Campos, pero terminó exhibiendo sus propias grietas.
Para el ciudadano común, el episodio anticipa una contienda más áspera en Chihuahua. No solo se discutirá seguridad, soberanía o responsabilidades de gobierno. También estará en juego quién controla la estructura territorial, quién impone candidatura y quién logra ordenar a un partido que, en el norte, parece crecer con pleitos incluidos.
Morena todavía puede convertir el tropiezo en reorganización. Pero si la disputa entre Montiel y Chávez escala, la marcha fallida podría recordarse como el primer aviso serio de una fractura mayor rumbo a 2027.

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