Claudia Sheinbaum rechazó estar acorralada por Estados Unidos y defendió que México coopere en seguridad, pero sin aceptar subordinación.
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Claudia Sheinbaum salió este viernes a cortar de tajo la lectura de que su gobierno está acorralado por la presión de Estados Unidos. Desde la mañanera del Día del Trabajo, la presidenta rechazó estar “entre la espada y la pared” por los casos abiertos en Chihuahua y Sinaloa, dos expedientes que ya tensan la agenda bilateral.
El mensaje fue directo: en México, dijo, deciden las y los mexicanos. Con esa frase, Sheinbaum buscó fijar una línea política ante los señalamientos externos y, al mismo tiempo, mandar una señal interna de control en medio de una coyuntura delicada.
El caso de Chihuahua involucra la actuación de agentes estadounidenses en territorio mexicano. Mientras tanto, el expediente de Sinaloa tomó fuerza tras la acusación desde Estados Unidos contra el gobernador Rubén Rocha Moya por presuntos vínculos con el narcotráfico.
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Aunque ambos asuntos tienen lecturas políticas distintas, Palacio Nacional intentó colocarlos bajo un mismo marco: soberanía, justicia y cooperación sin subordinación.
Sheinbaum afirmó que los dos casos están en manos de la Fiscalía y que serán las instituciones correspondientes las que informen sobre los avances. Por eso evitó adelantar conclusiones o convertir la conferencia en un juicio político.
Sin embargo, sí dejó clara su postura. La presidenta aseguró sentirse “fuerte”, “sólida” y “tranquila”. Además, sostuvo que su gobierno no se apartará del pueblo de México ni de la defensa del territorio nacional.
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El punto de fondo está en la relación con Washington. Sheinbaum recordó que la cooperación en seguridad con Estados Unidos se basa en cuatro principios: respeto a la soberanía, responsabilidad compartida, confianza mutua y cooperación sin subordinación.
Hasta ahora, afirmó, esos principios se han respetado. No obstante, el tono de su respuesta reveló que el gobierno mexicano sabe que cualquier señal de debilidad puede tener costo político.
Para la ciudadanía, el tema no es lejano. Una crisis diplomática mal manejada puede impactar en seguridad, migración, comercio y combate al crimen organizado.
Finalmente, Sheinbaum llamó a la unidad nacional frente a los “embates” del exterior. Y cerró con una frase cargada de intención política: quien no quiera esa unidad, dijo, “está con el exterior”.

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