Morena no solo golpea a Ricardo Salinas Pliego: lo está construyendo como adversario. El empresario funciona como villano perfecto, pero la jugada puede salirse del guion.
Editorial | Política
Análisis
Noticias
Política Gurú
Morena no solo golpea a Ricardo Salinas Pliego: lo está construyendo como adversario. Y esa diferencia importa. La embestida contra el dueño de TV Azteca no parece responder únicamente al pleito fiscal ni a su confrontación abierta con la 4T. También huele a cálculo electoral rumbo a 2030.
La apuesta sería simple, aunque riesgosa: convertirlo en el enemigo ideal. Un empresario poderoso, mediático, estridente y fácil de colocar frente al relato oficial de “pueblo contra élites”. Para Palacio, ese perfil tiene una ventaja política: polariza sin obligar al gobierno a discutir todos sus pendientes.
Salinas Pliego incomoda, provoca y responde. Eso lo vuelve útil. Morena necesita un antagonista visible para ordenar la conversación pública, activar a su base y empujar otra vez la vieja fórmula del choque: los de arriba contra los de abajo, los privilegiados contra el movimiento, los evasores contra el pueblo.
El conflicto fiscal le da munición al oficialismo. Si el empresario aparece ante la opinión pública como alguien que debe impuestos, cualquier defensa puede venderse como respaldo al abuso. Ahí Morena se siente cómoda. No debate solo contra una persona; debate contra un símbolo.
Pero el centro del asunto no está en Salinas Pliego. Está en el desgaste del poder.
Te puede interesar: Hamilton gana con Ferrari en Barcelona y cambia el pulso de la F1 2026
La columna base plantea que las encuestas internas de Morena y de Presidencia encendieron alertas por una baja en la aprobación presidencial y por focos rojos en estados clave. Ese dato, al venir de mediciones internas, debe leerse con cautela. Aun así, el movimiento político sí resulta claro: cuando un gobierno pierde margen, busca recuperar control narrativo.
Y ahí entra Salinas Pliego.
Si el oficialismo logra colocarlo como rostro opositor, reduce la discusión pública a un pleito conveniente. Ya no se habla solo de seguridad, salud, corrupción estatal, economía familiar o gobiernos locales desgastados. Se habla del empresario, de sus impuestos, de sus videos, de sus frases y de su pleito con la 4T.
Para Morena, el cálculo tiene lógica: crecerlo lo suficiente para que divida a la oposición, pero no tanto como para volverlo competitivo. Un rival con negativos altos puede servir más que un opositor gris. Sobre todo si PRI, PAN y Movimiento Ciudadano no logran construir una candidatura con narrativa propia.
Síguenos en Instagram para mantenerte siempre informado
La oposición tampoco queda bien parada. Si su ruta hacia 2030 depende de un empresario televisivo, el diagnóstico es severo: faltan liderazgos, falta proyecto y sobra improvisación. Un país no se gobierna con ocurrencias, pero tampoco se compite contra una maquinaria oficial solo con enojo en redes.
El riesgo para Palacio es evidente. Golpear demasiado a Salinas Pliego puede darle lo que cualquier aspirante necesita: exposición, identidad y discurso de persecución. En política, un enemigo fabricado puede salirse del guion. A veces el personaje crece más que la estrategia.
Por eso la maniobra es delicada. Morena cree que puede usarlo como sparring rumbo a 2030. Lo quiere ruidoso, visible y cargado de negativos. Lo quiere en la conversación. Quizá hasta lo quiere en la boleta.
La pregunta es si podrá controlarlo.
Porque una cosa es diseñar al adversario perfecto desde el poder. Otra muy distinta es descubrir, demasiado tarde, que el villano también aprendió a jugar con las luces prendidas.
Editorial basada en la columna de opinión de Claudio Ochoa Huerta, en su columna Miocardio, publicada en El Universal.

Be the first to comment on "Salinas Pliego, el rival que Morena quiere ver en la boleta de 2030"