Omar García Harfuch negó cualquier aspiración presidencial rumbo a 2030 y sostuvo que su cargo no permite una agenda paralela.
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Omar García Harfuch cerró, al menos por ahora, la puerta presidencial rumbo a 2030. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana negó que piense en una candidatura y sostuvo que su responsabilidad actual no le permite jugar en dos pistas: la seguridad del país y la sucesión política.
“No. Porque tenemos un trabajo de un tema sumamente complejo”, respondió durante una entrevista radiofónica. Luego fue más directo: “Lo descarto porque soy secretario de Seguridad”.
La frase no cayó en el vacío. Harfuch es uno de los perfiles más visibles del gabinete de Claudia Sheinbaum y su nombre aparece cada vez que se habla de posibles cartas presidenciales de Morena. Su nivel de aprobación, superior al de varios cuadros políticos tradicionales, lo mantiene dentro del radar aunque él insista en bajarse de la conversación.
El funcionario buscó marcar distancia. Dijo que pensar en una aspiración de ese tamaño sería una falta de respeto para quienes integran las corporaciones de seguridad y arriesgan la vida todos los días en distintos puntos del país.
Su argumento fue simple: la Secretaría de Seguridad no admite una agenda paralela. Requiere operación diaria, coordinación con fuerzas federales, lectura territorial y decisiones que no pueden tomarse con cálculo electoral.
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Popularidad sin candidatura, pero con lectura política
Harfuch también intentó despersonalizar los resultados que suele presentar ante medios. Aseguró que su exposición pública se debe a que comunica el trabajo del Gabinete de Seguridad, no a logros individuales.
Ahí mencionó a la Sedena, la Marina, la Guardia Nacional, el Centro Nacional de Inteligencia y otras instituciones involucradas en la estrategia federal.
El matiz importa. Harfuch sabe que su imagen pública crece conforme aparece como rostro operativo de la seguridad. También sabe que esa visibilidad puede convertirse en capital político, aunque no lo busque de manera abierta.
Para la ciudadanía, sin embargo, el debate sucesorio pesa menos que la calle. La pregunta no es si Harfuch estará o no en una boleta dentro de cuatro años. La pregunta inmediata es si su estrategia logra reducir homicidios, extorsiones, desapariciones, cobros de piso y violencia regional.
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Rocha Moya y el costo político de Sinaloa
El secretario también fue cuestionado sobre Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa. Harfuch aseguró que, si el gobierno estatal hubiera obstaculizado operaciones federales, eso ya habría sido evidente.
También negó que exista una ficha roja de Interpol contra Rocha Moya y afirmó que la Fiscalía General de la República mantiene sus investigaciones.
La frase más política llegó después: el gobierno “no va a proteger a nadie”.
Ese mensaje busca blindar a la administración federal frente a un caso incómodo. Sinaloa no solo carga una crisis de seguridad; también exhibe el riesgo de que las investigaciones terminen contaminando al poder político local.
Harfuch se bajó del 2030 con una frase tajante. Pero su futuro no se definirá solo por lo que diga en entrevistas. Se jugará en los resultados de seguridad. Ahí está su verdadera boleta.
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