Morena cambia de mando, pero Rocha le arruina la foto de unidad

Morena

Morena quiso presumir orden interno en su Congreso Extraordinario, pero la sombra de Rubén Rocha terminó marcando la lectura política del encuentro.

Editorial | Partidos Políticos

Análisis

Noticias

Política Gurú

Morena quiso salir de su Congreso Nacional Extraordinario con una postal de control interno: nueva presidencia, nuevo tesorero y el anuncio de filtros más duros para elegir candidatos. Sobre el papel, era una jornada para ordenar la casa. En los hechos, terminó marcada por una ausencia incómoda.

El nombre que atravesó los pasillos no fue el de la nueva dirigencia. Fue el de Rubén Rocha Moya, gobernador con licencia de Sinaloa, colocado bajo presión política por señalamientos que ya no caben en el cajón de los “golpeteos” habituales.

Rocha no necesitó estar ahí para incomodar. Su caso flotó sobre el congreso como esas preguntas que nadie quiere contestar frente a cámaras. Y, además, dejó una imagen reveladora: esta vez no hubo coro automático de respaldo. El famoso “¡no estás solo!” no apareció como reflejo tribal.

Ese silencio pesó.

La llegada de Ariadna Montiel a la presidencia nacional de Morena y el nombramiento de Óscar del Cueto en Finanzas buscaron mandar una señal de disciplina rumbo a las próximas batallas electorales. Sin embargo, el contexto les robó limpieza al mensaje. Porque hablar de candados anticorrupción mientras un gobernador morenista carga señalamientos graves convierte cualquier promesa en examen público.

Te puede interesar: México entra a mayo bajo presión: Morena se reacomoda, Sinaloa arde y Antonelli sacude la F1

Y ahí está el punto central: Morena ya no puede operar sus crisis como antes. La fuerza electoral del partido sigue siendo enorme, pero la narrativa de superioridad moral empezó a rozar con expedientes, sospechas y costos políticos.

Varios legisladores optaron por una distancia prudente. Algunos remitieron el asunto a la Fiscalía General de la República. Otros prefirieron frases secas, casi quirúrgicas. Solo Gerardo Fernández Noroña salió a expresar confianza en la inocencia de Rocha, aunque también reconoció que, si hay responsabilidad, no debe haber impunidad.

El matiz importa. Morena entendió, al menos por un momento, que arropar a todos sin preguntar demasiado puede salir caro. Más aún cuando la conversación pública mezcla narcotráfico, candidaturas, gobernabilidad y protección política.

Para el ciudadano común, esto no es una intriga de partido. Es una pregunta básica: ¿quién revisa a quienes piden el voto? ¿Los filtros serán reales o solo servirán para ordenar lealtades internas? ¿Los nuevos candados limpiarán candidaturas o funcionarán como herramienta para decidir quién estorba y quién conviene?

Esa será la prueba.

Síguenos en X (antes Twitter) para mantenerte siempre informado

Si Morena aplica sus reglas contra propios y extraños, puede convertir esta crisis en una oportunidad. Pero si usa los candados como maquillaje, el congreso habrá sido apenas una ceremonia de simulación con escenografía renovada.

El caso Rocha dejó algo claro: el poder también se desgasta cuando calla demasiado. Morena quiso enseñar músculo, pero terminó mostrando nervio. Quiso hablar de futuro, pero el presente le puso sobre la mesa una sombra difícil de barrer.

Porque en política no solo cuentan los aplausos. También cuentan las ausencias, los silencios y esos respaldos que, de pronto, ya nadie se atreve a gritar.

Be the first to comment on "Morena cambia de mando, pero Rocha le arruina la foto de unidad"

Leave a comment

Your email address will not be published.


*