Sheinbaum aprieta el gasto para frenar el gasolinazo: el alivio en la bomba puede salir caro

Subsidio a gasolinas en México

El gobierno federal ya mueve piezas para evitar que el alza internacional del petróleo dispare el precio de las gasolinas en México. La apuesta: recortar gasto público sin tocar programas sociales, aunque el costo fiscal ya empieza a encender focos amarillos.

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Gobierno alista recortes para mantener subsidio a gasolinas ante presión del petróleo

El gobierno federal prepara recortes al gasto público para sostener los subsidios a las gasolinas y al diésel, en medio del repunte internacional del petróleo por la crisis en Medio Oriente. La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó que su administración revisa cada semana los ingresos, egresos y proyecciones para lo que resta de 2026, con el fin de decidir de dónde saldrán los ajustes sin afectar los programas sociales.

La mandataria sostuvo que el apoyo a los combustibles se mantendrá para evitar que el precio al consumidor se dispare. Según explicó, sin esa intervención la gasolina regular podría rebasar los 30 pesos por litro, mientras que el diésel se movería por encima de los 32 pesos. El costo estimado del subsidio ronda los 5 mil millones de pesos semanales, aunque una parte se compensa con mayores ingresos petroleros y con la carga fiscal que paga Pemex cuando sube el precio internacional del crudo.

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El movimiento ocurre en un momento de mayor presión para las finanzas públicas. En los Precriterios Generales de Política Económica 2027, la Secretaría de Hacienda estimó que el gasto neto presupuestario de 2026 se ubicará en 10 billones 14.7 mil millones de pesos, un monto 100.1 mil millones por debajo de lo aprobado originalmente. Ese ajuste confirma que el margen fiscal ya se está apretando.

El problema es que el contexto externo sigue siendo inestable. La EIA elevó su previsión del precio promedio del Brent para 2026 a 96 dólares por barril, al advertir que, aun con una eventual normalización en el Estrecho de Ormuz, las presiones sobre combustibles podrían prolongarse durante meses. Además, la AIE advirtió este 14 de abril que la guerra en Medio Oriente ya alteró el mercado global de petróleo, redujo su expectativa de oferta y anticipó que la tensión seguirá golpeando precios y consumo.

Para el ciudadano, el efecto inmediato del subsidio es claro: ayuda a evitar un alza abrupta en el costo de llenar el tanque y reduce presión sobre el transporte y el precio de mercancías. Sin embargo, el costo de esa contención no desaparece. Solo cambia de lugar dentro del presupuesto.

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Ahí está el punto de fondo. Si el gobierno decide proteger el precio de la gasolina sin tocar becas, programas de Bienestar o gasto social, entonces el recorte tendrá que salir de otros rubros. En la práctica, eso abre la puerta a un ajuste sobre gasto corriente, operación administrativa o inversión pública.

La decisión, por ahora, tiene una lógica política y económica: contener un aumento que habría pegado de inmediato al consumo y a la inflación. Pero también revela que la administración entra a una fase en la que cada subsidio exige recortes más finos y deja menos margen para maniobrar.

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