La nueva ofensiva de Donald Trump contra México reactivó el malestar dentro del Gobierno contra Roberto Velasco, señalado por no anticipar los golpes políticos desde Washington.
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Donald Trump volvió a colocar a México en el centro de su ofensiva política al insistir en que el país está “gobernado por los cárteles”. La frase no solo tensó otra vez la relación bilateral. También reactivó críticas dentro del Gobierno contra Roberto Velasco, señalado por no anticipar el tamaño del golpe desde Washington.
En varias secretarías ya circula una lectura incómoda para el canciller. Si sabía lo que venía y no alertó, el problema sería político. Si no lo sabía, el problema sería operativo. Ninguna opción lo deja bien parado.
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La inquietud crece porque la relación con Estados Unidos entró en una fase áspera: acusaciones públicas, revisión de consulados mexicanos, presión antidrogas y versiones sobre posibles decisiones unilaterales desde la administración trumpista.
Para el equipo de Claudia Sheinbaum, el costo no es menor. Cada declaración de Trump obliga al Gobierno mexicano a responder sin romper la relación, pero también sin aparecer subordinado.
Washington aprieta y la Cancillería queda expuesta
El nuevo choque llegó acompañado de otro frente sensible: la revisión de los consulados mexicanos en Estados Unidos. La sola posibilidad de cierres o restricciones encendió alertas, porque esas oficinas son clave para millones de connacionales.
La presidenta negó que los consulados hagan política en territorio estadounidense. Defendió que su función es proteger a mexicanos, ofrecer asistencia legal y sostener servicios básicos para migrantes.
Aun así, la pregunta quedó instalada: ¿por qué México parece reaccionar después del golpe y no antes?
Ahí es donde Velasco enfrenta el desgaste más fuerte. En el Gobierno hay quienes cuestionan que el canciller haya presumido interlocución con figuras del trumpismo, pero no haya logrado contener, anticipar o neutralizar ofensivas recientes.
La embajada en Washington también abrió dudas
Velasco inició su gestión con margen. Respondió al informe de la ONU sobre desaparecidos, coordinó el viaje presidencial a Barcelona y empujó el acercamiento con España tras años de frialdad diplomática.
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Pero el ambiente cambió dentro de la Secretaría de Relaciones Exteriores.
La designación de Roberto Lazzeri Montaño como embajador en Washington no fue leída como una decisión surgida del grupo más cercano a Velasco. En los pasillos del poder se atribuye más bien a una ruta vinculada con Hacienda y con el entorno de Rogelio Ramírez de la O.
Esa lectura abrió otra sospecha: si la demora del plácet estadounidense responde solo a tiempos diplomáticos o si refleja tensiones internas y falta de control político sobre la relación con Washington.
El obradorismo también empezó a reclamar
Las críticas ya no vienen solo de áreas técnicas o diplomáticas. También alcanzan sectores del obradorismo, donde la relación con Estados Unidos se mira con desconfianza y cálculo político.
El reclamo atribuido al senador Adán Augusto López Hernández resume ese malestar: si México concede tanto y Velasco asegura tener puentes en Washington, ¿por qué el Gobierno se entera tarde de asuntos clave?
La frase pegó porque toca el punto más delicado: la utilidad real de la interlocución del canciller con figuras como Christopher Landau y Marco Rubio, vínculos que se daban por sólidos antes de esta crisis.
América del Norte sigue sin una pieza fuerte
La Cancillería arrastra otro vacío: aún no define con claridad al responsable de América del Norte, una posición estratégica cuando la relación con Estados Unidos vive uno de sus momentos más tensos.
En el equipo de Velasco se menciona a Cristina Planter, funcionaria con credenciales académicas sólidas y perfil técnico. Sin embargo, sus críticos señalan falta de experiencia política para operar una relación tan áspera.
El problema no es solo de nombres. Es de timing, control y lectura política.
México enfrenta a un Trump más agresivo, una Casa Blanca dispuesta a presionar en seguridad y una agenda bilateral que puede golpear migración, comercio, consulados y cooperación antidrogas.
En ese tablero, Velasco ya no solo debe responder. Tiene que demostrar que todavía puede anticipar.

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